Cudillero I

En primer lugar, quiero pedir perdón a mis lectores por la ausencia de casi 2 meses y medio sin escribir… Estas últimas semanas he andado muy liada y entre unas cosas y otras no he podido dedicarle el tiempo que se merece a mi tan preciado blog…

En este periodo de tiempo, me ha dado tiempo irme de vacaciones una semana en el mes de mayo a uno de los lugares más especiales para mi: Asturias. Pues bien, en esta y en las siguientes entradas quiero contaros acerca de nuestro viaje a esta tierra sin igual 🙂

CudilleroCuando planeamos nuestro viaje a Asturias, tanto Javi como yo teníamos claro que queríamos hacer una ruta por la costa asturiana. Con esto en mente, el primer destino que planificamos para nuestra ruta fue Cudillero.

De siempre habíamos visto en fotografías imágenes de este pueblecito y nos llamaba mucho la atención por los colores vivos que podíamos ver y, desde luego, no nos decepcionó.

Cudillero es un precioso pueblo pesquero que se caracteriza principalmente por los colores de las fachadas de sus casas, su ambiente vivo en cualquier época del año que se visite y sobre todo, por la ergonomía del pueblo: todas sus casas están mirando a la plaza del pueblo, la cual está al lado de la costa. El pueblo es pequeño, pero no por ello pierde encanto 🙂

Barco pesquero, Cudillero (fotografía echa por mi)

Nada más llegar al pueblo y bajar del coche, lo que más nos llamó la atención fue ese olor y sonido a mar, característicos de los pueblos pesqueros. Habíamos cambiado totalmente de registro sensorial: de los olores y sonidos de Madrid a los olores y sonidos de Asturias, concretamente de Cudillero.

Plaza de Cudillero

Tras una primera visita al centro neurálgico del pueblo, nos disponíamos a comer. En cualquier dirección que mirases en Cudillero, había un restaurante donde poder comer. No obstante, optamos por utilizar la aplicación TripAdvisor para guiarnos y fue de esta manera como dimos con el restaurante-sidrería Casa Mari.

El restaurante está un poco escondido de todo el centro y no por ello la comida fue peor. Disfrutamos del menú del día por 12€ y pedimos arroz caldoso con bogavante que nos sirvieron en una fuente para servirnos al gusto. Estaba delicioso y muy bueno para asentar el cuerpo tras el viaje desde Madrid. Luego pedimos cachopo de pollo, el cual era una primera aproximación al famoso cachopo asturiano. Para finalizar, pedimos de postre requesón con miel y nueces que estaba de infarto.

El trato por parte de los camareros que nos sirvieron fue correcto. Por lo que este restaurante lo tendremos en cuenta cuando volvamos a Cudillero.

Podéis ver la crítica que puse al respecto de este lugar en TripAdvisor pinchando aquí.

Por la tarde, teníamos ganas de ver ya alguna playa, así que cogimos el coche a la aventura y fuimos a dar a una playa preciosa: la Playa del Aguilar. Esta playa de 600 metros de longitud, está situada en el fondo de una ensenada y está rodeada de la frondosa vegetación característica de Asturias. Tuvimos la suerte de ver atardecer en dicha playa y el espectáculo de luz y colores que pudimos presenciar no tenían comparación. De hecho, había un par de fotógrafos que estaban intentando inmortalizar con sus cámaras la extrema belleza natural que se podía ver y sentir en ese lugar.

Playa del Aguilar

Playa del Aguilar (fotografía echa por mi)

Por la noche, del mismo modo que nos sucedió por la mañana, cuando quisimos buscar un lugar para cenar no sabíamos dónde ir. Nuevamente, ayudándonos de TripAdvisor, nos encontramos cenando en El Rincón de Berto.

Cena en El Rincón de BertoNada más llegar a El Rincón de Berto, el camarero nos atendió de una manera cercana y con la simpatía característica de la zona. Le pedimos dos cervezas con limón y nos ofreció coger alguna de las tapas que tenía preparadas en la barra. A la hora de cenar, tras un largo rato decidiéndonos, nos decantamos finalmente por dos tortos de rulo de cabra y cecina y por uno de picadillo de matanza… no teníamos palabras para describir lo buenos que estaban! También pedimos una tabla de quesos asturianos la cual venía acompañara de membrillo y frutos secos… una verdadera delicia para los amantes del queso! Salimos muy contentos de El Rincón de Berto, primero por el trato recibido y segundo por la relación calidad-precio que pudimos encontrar.

Sin lugar a dudas, este es otro de los rinconcitos que tendremos en cuenta si volvemos a Cudillero.

Nuevamente, os dejo la crítica que puse al respecto de este lugar en TripAdvisor junto con la opinión de otros comensales que han disfrutado del lugar.

En la siguiente entrada, os seguiré contando nuestro viaje en esta etapa visitando Cudillero.

Parque Natural de la Sierra d’Irta, sus playas y sus calas

Cuando decidimos que íbamos a pasar nuestras vacaciones en Peñíscola, Javi rápidamente se puso a indagar qué cosas podríamos ver y hacer por sus alrededores. En uno de sus ratos de indagación, descubrió que cerca de la ciudad de Peñíscola había muchas playas, más salvajes que las de la ciudad en sí, y calas; por lo que sin dudarlo un momento, me dijo que teníamos que visitarlas.

Ya en la zona, lo que nos encontramos fue algo que ambos no esperábamos… Saliendo de Peñíscola, había una carretera muy estrecha que discurría al borde de la playa y esta misma carretera era la que nos permitió ir entrando en cada una de las calas y playas que había visto Javi por Internet. Decir que eran, prácticamente, playas salvajes. Mirabas hacia detrás y veías vegetación y mirabas hacia adelante y se extendía ante ti el inmenso mar.

Una de las primeras playas que visitamos en la zona fue la Playa de Sta. Lucía y lo que más me llamó la atención fue que la playa no era de arena, sino de cantos rodados. Estos cantos rodados, con el movimiento de las olas que se adentraban y salían de la playa hacían un sonido que jamás había podido escuchar. Si cerráis los ojos un momento, podéis imaginaros este sonido, el sonido de los guijarros al moverse cada vez que las olas iban y venían… Sin duda, un espectáculo de sonido para los oídos.

Vistas desde la Playa de Sta. Lucía

Vistas desde la Playa de Sta. Lucía

Después de disfrutar de esta playa, cogimos nuevamente el coche y continuamos por el camino que nos había llevado hasta allí. Mientras conducíamos, pudimos ver un cartel grande que nos indicaba que estábamos en el entorno del Parque Natural de la Sierra d’ Irta, una reserva de fauna y flora que tuvimos el gusto de disfrutar.

Ya desde el coche, pudimos admirar la belleza del entorno… Además, eran horas del atardecer por lo que las luces de este momento del día, dotaba al ambiente de un matiz de magia y romanticismo.

Desde otro ángulo, lo alto del Parque Natural de la Sierra d'Irta

Desde otro ángulo, lo alto del Parque Natural de la Sierra d’Irta

En lo alto del Parque Natural de la Sierra d'Irta

En lo alto del Parque Natural de la Sierra d’Irta

Desde el Parque Natural...

Desde el Parque Natural…

Bajo este entorno, fuimos a dar a la Playa del Pebret, en pleno Parque Natural. Nos encantó… nos encantó los matices que le daba el atardecer a la playa, la tranquilidad que se respiraba, la naturaleza que le rodeaba… A si que decidimos que un día de nuestras vacaciones, teníamos que ir allí a hacer merienda-cena y ver el atardecer juntos. A lo pocos días volvimos a esta playa, con nuestras hamacas, dispuestos a disfrutar del atardecer… cuando nos encontramos con una sorpresa no tan grata… A esas hora, los mosquitos se revolucionan un poco y cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos rodeados de ellos. Finalmente tuvimos que coger los bártulos e irnos porque sabíamos que si continuábamos allí por mucho rato, íbamos a acabar acribillados por los mosquitos! No obstante, mereció la pena el ratito que estuvimos allí…

A punto de hacerse de noche...

A punto de hacerse de noche…

Espetáculo de color! Algas y corales en la playa...

Espetáculo de color! Algas y corales en la playa…

Entrando en la Playa del Pebret

Entrando en la Playa del Pebret

Otra perspectiva de la Playa del Pebret

Otra perspectiva de la Playa del Pebret

Playa del Pebret

Playa del Pebret

También, entre la fauna y la flora del entorno, podemos encontrar un poco de su historia. En otros tiempos, la costa del Levante español eran foco de ataques de piratas y su principal propósito era saquear pueblos y ciudades. Es por ello, que a lo largo de la costa mediterránea, se puedan ver cantidad de castillos, torres de vigilancia y demás construcciones que servían para intentar detener los ataques de estos corsarios. Pues bien, entre la flora y la fauna que nos regala el Parque Natural de la Sierra d’Irta, podemos encontrar la Torre de Badúm. Hoy día la torre, obviamente, está en desuso, pero nos regala su presencia y su protagonismo en miles de fotografías…

Torre de Badúm y su entorno

Torre de Badúm y su entorno

Torre de Badúm

Torre de Badúm

Torre de Badúm

Torre de Badúm

A mi me pareció un lugar espectacular, digno de ser visitado. A Javi y a mi siempre nos gusta ir más allá de lo “típico” y el poder haber visitado el Parque Natural de la Sierra d’Irta es un ejemplo más de ello. Sin lugar a dudas, recomiendo el visitar este entorno porque el regalo que le hacemos a nuestra vista y a nuestros oídos es inigualable : )

Si queréis ver más fotografías que he tomado del Parque Natural de la Sierra d’Irta, Peñíscola y todo su entorno; te invito a que visites mi albúm de fotografías en Flickr.

Peñíscola y sus preciosas calles

Tal y cómo comenté en el anterior post que escribí sobre nuestras vacaciones a Peñíscola, uno de los rincones que más me gustaron de la ciudad fue su casco antiguo. Dentro de su casco antiguo podemos encontrar su famoso castillo templario, dónde se alojó el Papa Luna; y sus calles, lugar que me dejó fascinada.

Cuando nos propusimos viajar a Peñíscola, nunca hubiese pensado que el casco antiguo de esta ciudad albergaría tanto encanto como el que finalmente encontré allí. Siempre había soñado con visitar alguna de las ciudades del sur de España dónde las casas están pintadas de blanco, los dinteles de sus puertas y ventanas irradian el color de alguna pintura llamativa y sus calles se llenan de la luminosidad de dichas fachadas… pero jamás me hubiese imaginado que esto, que había estado soñando desde hacía tiempo, me lo iba a encontrar allí, en Peñíscola…

El primer día que visitamos el casco antiguo, fue por la tarde y estaba cayendo el sol. La puesta de sol hizo que nos encontrásemos con un espectáculo dantesco de luces y sombras dentro de las calles de fachadas blancas que la ciudad nos iba a regalar. Unas pequeñas farolas iluminaban sutilmente algunos puntos de las preciosas fachadas y dotaban al entorno de una magia sutil y pura.

Después de este hallazgo de luces, sombras y blancura, me dejé llevar por sus calles luminosas y estrechas… no tenía rumbo fijo y solamente quería empaparme del lugar, de las gentes… regalarle a mi vista el hecho de ver, esos colores tan claros que en mi cabeza siempre habían estado rondando…

A continuación os dejo algunas de las fotografía que tomé de este maravilloso lugar. Espero que las disfrutéis : )

Casco Antiguo de Peñíscola

Casco Antiguo de Peñíscola

Contraste de colores en una de las calles de Peñíscola

Contraste de colores en una de las calles de Peñíscola

Fachada del casco antiguo de Peñíscola

Fachada del casco antiguo de Peñíscola

Calle principal del Casco Antiguo de Peñíscola

Calle principal del Casco Antiguo de Peñíscola

Divagando por las calles...

Divagando por las calles…

Casa de las Conchas, Peñíscola

Casa de las Conchas, Peñíscola

Calle principal del Casco Antiguo de Peñíscola

Calle principal del Casco Antiguo de Peñíscola

Vistas del mar desde una de las calles de Peñíscola

Perdida en otra de sus preciosas calles...

Perdida en otra de sus preciosas calles…

Para ver más fotos de este maravilloso lugar, te invito a que visites mi página de Flickr : )

El Castillo de Peñíscola y sus impresionantes vistas

Ya estamos de vuelta en Madrid y el regreso está siendo duro. Aún así, queda una semana para comenzar a trabajar por lo que esta semana por Madrid me ayudará a ir volviendo poco a poco a la rutina.

Pero por el momento, vamos a olvidar la vuelta al trabajo y me voy a centrar en contaros entre este post y el siguiente sobre una zona de Peñíscola que me enamoró: la zona de su castillo y su casco antiguo.

Castillo de Peñíscola

Castillo de Peñíscola

Si algo hizo que nos decantaramos por Peñíscola a la hora de elegir nuestras vacaciones fue la combinación de playa y cultura. Peñíscola, al contar con su castillo y un casco antiguo precioso, dotaba a un lugar típico de veraneo de ese toque cultural que me gusta que tengan los lugares que visito porque, ya que nos hacemos muchos kilométros, a mi particularmente me gusta empaparme también de la historia, los rincones y la cultura de los lugares que visito.

La primera vez que pusimos como posible opción de destino vacacional Peñíscola, lo que más me llamó la atención fue las imágenes que pude ver de su castillo… ¿qué hacía un castillo a orillas del mar? Sabía, por lo poco que había leído entonces, que en ese castillo había vivido el Papa Benedicto XIII o, más conocido como, Papa Luna. ¿Y qué hacía un papa en la costa del levante español? ¿los papas no están en Roma? En nuestra visita al Castillo de Peñíscola pudimos solventar muchas de estas dudas, además de conocer muchísimos otros secretos del castillo.

El Castillo de Peñíscola está situado en el peñón que domina la ciudad, a 64 metros sobre el nivel del mar. Fue construido por Los Templarios en muy poco tiempo, desde 1294 y 1307.

Posteriormente, en el año 1411, Pedro Martinez de Luna y Pérez de Gotor fue nombrado Papa por la obediencia de Avignon, en Francia, con el nombre de Benedicto XIII. Este papa, por motivos estratégicos, decidió convertir el castillo en su palacio y en su biblioteca pontificia. Durante los años que el Papa Luna vivió en el castillo, tuvo lugar una lucha sobre su legitimidad cómo Papa y, debido a su tenacidad contra los enemigos, surgió la frase popular “mantenerse en sus trece” por la negativa de Benedicto XIII a renunciar a su posición de papa.

La visita al Castillo cuesta 5€. Hay una tarifa reducida para desempleados, jubilados y estudiantes de 3’5€. Con el precio de la entrada, se puede optar a hacer una visita guiada gratuita por el castillo la cual recomiendo encarecidamente por la cantidad de curiosidades y cosas que se aprende. Además, la entrada también nos da acceso al Parque de Artillería, situado a escasos metros de la entrada del castillo.

Además del valor de la visita cultural al Castillo, a mi lo que me dejo impresionada son las vistas que hay desde el mismo. Se puede ver Peñíscola en todo su esplendor. En ocasiones me daba la sensación de estar volando cómo un águila por poder disfrutar de las privilegiadas vistas que desde allí se podían observar. A continuación os voy a dejar unas fotografías que tomé del tan característico Castillo de Peñíscola, así como de las maravillosas vistas que se pueden disfrutar…

A lo alto, el Castillo de Peñíscola

A lo alto, el Castillo de Peñíscola

Faro de Peñíscola

Faro de Peñíscola

Vistas de Peñíscola desde su castillo

Vistas de Peñíscola desde su castillo

Vistas de Peñíscola desde su castillo

Vistas de Peñíscola desde su castillo

Faro de Peñíscola, desde otra perspectiva

Faro de Peñíscola, desde otra perspectiva

Vista del Casco Antiguo de Peñíscola, desde su castillo

Vista del Casco Antiguo de Peñíscola, desde su castillo

Vistas diurnas de Peñíscola

Vistas diurnas de Peñíscola

Vista nocturna de Peñíscola

Vista nocturna de Peñíscola

Si queréis ver más fotografías de las que he tomado en Peñíscola, os dejo aquí el enlace al álbum que he creado en Flickr.

Desde Peñíscola…

Ayer, día 2 de agosto, Javi y yo tomamos rumbo a nuestras deseadas vacaciones en la playa. Este año ha sido bastante duro en muchos aspectos, tanto para él como para mí, y particularmente en mi caso, nunca había tenido tantas ganas de desconectar de Madrid cómo este año.

Por todo ello, estos días nos disponemos a pasar nuestras primeras vacaciones juntos y a desconectar del día a día desde Peñíscola.

Ayer llegamos a esta ciudad costera de Castellón allá hacia las 12 de la mañana y buscamos nuestro apartamento, en el edificio Las Vegas (ya os hablaré de nuestro alojamiento dentro de unos días). No sé si a alguno os habrá pasado, pero a mí, es llegar a mi destino y me cambia totalmente el chip… Cuando me asomé a la terraza del apartamento y pude ver delante de mis ojos la inmensidad del mar, una sensación de paz y tranquilidad me inundó todo el cuerpo… Era como hacer realidad ese momento que tanto había estado esperando durante todo este largo año… Esa sensación de “preocupaciones cero” que te invade es tan grande que es totalmente indescriptible.

Vistas de frente desde nuestro apartamento

Vistas de frente desde nuestro apartamento

Vistas del Castillo de Peñíscola (Foto: Javi)

Vistas del Castillo de Peñíscola (Foto: Javi)

La tarde de ayer la pasamos de manera tranquila. Bajamos a la playa a eso de las 19:30 de la tarde y, aunque el sol ya estaba cayendo, la temperatura del mar y del ambiente era muy agradable.

Por la noche, a las 12 de la noche, pudimos disfrutar de unos preciosos fuegos artificiales que se llevaron a cabo en las inmediaciones del Castillo de Peñíscola. El dueño del apartamento nos comentó que la playa se llenaría de gente a esa hora ya que era un espectáculo digno de ver y la verdad, sus palabras se quedaron cortas al describir dichos fuegos. Nosotros decidimos ver los fuegos artificiales desde la terraza de nuestro apartamento… ¿qué mejor lugar que desde allí con las vistas que tenemos? El motivo de dichos fuegos artificiales era el inicio de el XX Festival Internacional de Música Antigua y Barroca, y por ello los fuegos artificiales iban acompañados de una música exquisita. No sé si conoceréis Peñíscola, pero sorprende mucho ver toda la zona de su característico castillo rodeado de fuegos artificiales que lo hacía mágico. Nos encantó verlos y fue una bienvenida preciosa a los 13 días de desconexión y tranquilidad que nos esperan.

A continuación os muestro unas fotografías de este espectáculo piromusical. Las fotos las he conseguido de la página de Facebook de Peñíscola:

Fuegos Artificiales

Hoy, me he despertado pronto… a las 8:15 ya estaba con los ojos como búhos!! Obviamente, a Javi no le he despertado… Si le llego a despertar me mata!! Jejeje Sí, seguro que os preguntáis que cómo es posible que me despierte tan pronto… La verdad, no lo sé. Pero lo que sé es que no hay mayor placer que despertarse uno por sí sólo, sin un despertador que te levante de un salto de la cama, aunque sea a las 8:15 de la mañana. Así que me he levantado, me he preparado un café con unas tostadas y me he puesto a leer un ratito. Después me he dispuesto a escribir esta entrada en el blog… Creo que estos ratitos por la mañana, hasta que Javi se despierte, van a ser mis ratitos para dedicarle tiempo a mi blog… : )

8:30 de la mañana, Peñíscola amaneciendo

8:30 de la mañana, Peñíscola amaneciendo

Lagos de Covadonga (Asturias)

Parece que hoy el tiempo tan caluroso que está haciendo este mes de julio nos está dando una tregua… Se ha levantado el día fresco y se hace incluso agradable salir a la calle, cosa que estos días atrás no era posible… Esta temperatura fresquita, me ha hecho acordarme de un lugar que tengo guardado en mi memoria por todo lo que significó para mi: Asturias.

Si os acordáis, hace cosa de un año aproximadamente escribí sobre un viaje que hice a este fantástico lugar con Javi y hoy, concretamente, os quería hablar de un lugar impresionante que me dejó maravillada: los Lagos de Covadonga.

El conjunto de los lagos de Covadonga está formado por tres lagos, el lago Enol y el lago Ercina, los cuales son de origen glacial; y un tercer lago, el Bricial, el cual solo tiene agua durante el deshielo. Dichos lagos se sitúan en la parte asturiana del Parque Nacional de los Picos de Europa. Esto lagos están situados en el concejo de Cangas de Onís y se puede acceder a ellos por unas carreteras impresionantes, a través de los 14 km que lo separan del Santuario de Covadonga.

Nada mas coronar la cima dónde se encuentran los lagos, el primer lago con el que nos encontramos es el Enol. Es el lago más grande y alberga en las profundides a la virgen de Covadonga que vela por las vidas de sus tocayas. Si seguimos subiendo un poco más arriba, a unos 1.100 metros de altitud, nos podemos encontrar con el lago Ercina. Sorprende mucho ver a los rebaños de vacas pastando a sus anchas en las praderas de sus alrededores. Estas vaquitas ya son parte de paisaje natural de estos lagos : )

A mi, estos paisajes, me maravillaron… Impresiona ver la naturaleza en estado puro, sentir el aire fresco en los pulmones… Sin duda alguna, estos lagos serán de visita obligada la próxima vez que vayamos, porque desde luego, el viaje de hace un año no fue el último que haremos a esta preciosa provincia : )

Aquí os dejo una fotografía que pude tomar de este lugar tan impresionante…

Lagos de Covadonga

Lagos de Covadonga

Restaurante Las Cadenas, Ledesma (Salamanca)

Restaurante Las Cadenas

Restaurante Las Cadenas

En nuestra escapada a la provincia de Salamanca, mi chico y yo queríamos “permitirnos” en una de las comidas, comer un poco diferente a lo que nos entraba con el alojamiento. Últimamente, nos gusta mirar en la web de TripAdvisor para orientarnos un poco en nuestra elección gracias a los comentarios y críticas de otras personas. Así, de esta manera, dimos con las recomendaciones escritas en TripAdvisor sobre el restaurante Las Cadenas y decir que acertamos de lleno.

Cuando te acercas a la puerta, cualquiera diría que dentro del restaurante nos íbamos a encontrar con la grata sorpresa que nos llevamos y no es hasta que entras al salón cuando te das cuenta de que el sitio es diferente.

Nos salió a atender el chef del lugar y el trato hacia nosotros fue totalmente exquisito: desde la elección del vino, hasta la explicación exhaustiva de cada uno de los platos.

Boletus con Foie Micuit y Pedro Ximénez

Nosotros pedimos de primero Boletus con Foie Micuit y Reducción de Pedro Ximénez para compartir que estaban deliciosas. De segundo, ambos pedimos un solomillo de ternera poco hecha que venía acompañado con crema de cebolla, fondo de cebollino y Pedro Ximénez. Decir que este último plato estaba espectacular ya que la fusión de sabores estaba constantemente en el paladar. De postre pedimos un flan casero y una mouse de limón con chocolate blanco que no dejaba indiferente a nadie.

La relación calidad-precio del lugar es aceptable, no para todos los días pero si para ocasiones especiales, como era la nuestra. El total de la cuenta ascendió a 65,50€, incluyendo el vino.

Ante todo quiero destacar la atención personalizada del chef ya que estuvo pendiente de nosotros al 100% para que todo fuese de nuestro agrado. De vez en cuando venía y nos preguntaba para verificar que todo estaba correcto. Además, se veía que disfrutaba con su trabajo ya que en sus elaboraciones cuidaba los detalles y nos respondía con claridad a las preguntas que le hacíamos.

Si tuviera que indicar una pequeña queja al respecto de este lugar, sería que la carta es un poco escasa pero por lo demás, 100% recomendable y, desde luego, si volvemos a tierras salmantinas estaremos encantados de volver a Las Cadenas.

Comedor del Restaurante Las Cadenas

Comedor del Restaurante Las Cadenas