Gijón

Tras dos magníficos días visitando toda la zona de Cudillero y sus alrededores (ver entradas aquí y aquí), la siguiente parada en nuestra ruta fue en Gijón.

Reconozco que fue Javi quien se encargó de hacer las reservas en los alojamientos en los que nos hospedamos, y fue una gran sorpresa el alojamiento que eligió en Quintueles, al lado de Gijón: el hotel Son de Mar.

El hotel Son de Mar es considerado el hotel más pequeño de España ya que cuenta solo con dos habitaciones. Además de estas dos habitaciones cuenta con otro tipo de alojamientos enfocados a grupos. Cuando llegamos a la parcela donde se situaba el hotel Son de Mar, sentí que estaba transportándome a otro lugar. Ante nosotros teníamos una enorme casa azul que servía a la vez de casa para la dueña y a la vez contenía las dos habitaciones que componían el hotel.

Hotel Son de Mar (fotografía tomada por mi)

Hotel Son de Mar (fotografía tomada por mi)

Cada detalle dentro de la finca estaba perfectamente cuidado: esculturas, flora, vegetación… hasta había cabida para un hórreo, la famosa edificación donde se guarda el grano en tierras asturianas. El entorno donde se situaba este alojamiento no podría haber estado en mejor lugar: el sonido del viento, de los grillos… en definitiva, cerrabas los ojos y estabas sumergido en un entorno donde solo se respiraba paz y tranquilidad.

Lo bonito de este lugar no solamente estaba en el entorno, sino también en los detalles de la habitación en sí. Entramos y nuestra habitación tenía dos plantas: una primera planta donde estaba la cama, el baño y una pequeña sala de estar; todo con un estilo italiano y marinero. Si subíamos por una escaleritas a la planta de arriba, había una pequeña zona habilitada con un sofá, una estantería llena de libros y una luz tenue que invitaba a la reflexión y a la lectura.

Todo el conjunto en sí: el entorno, la parcela perfectamente cuidada, la habitación; hacían del hotel Son de Mar un lugar mágico. Es de estos lugares en los que se te pasa por la cabeza dejarlo todo y comprar un pequeño terreno para dedicarte a un negocio de este calibre donde disfrutar del entorno y sobre todo ver disfrutar a tus huéspedes con lo que con tanto cariño has construido.

Hotel Son de Mar, su entono (fotografía tomada por mi)

Hotel Son de Mar, su entono (fotografía tomada por mi)

Desde el primer momento, el trato por parte de la dueña fue de 10. Nos facilitó un mapa de todo Asturias donde señalaba los principales puntos turísticos que podíamos visitar y también nos recomendó un sitio donde cenar en Gijón que os contaré unas líneas más abajo. Cuando nos fuimos del hotel, le dije a la dueña que cuidase ese sitio porque era una maravilla, que tenía un trocito de paraíso en Asturias 🙂 A su vez, ésta nos regaló un precioso marcapáginas que rezaba la siguiente frase, la cual define a la perfección al hotel Son de Mar:

“La acogida de la casa es entonces tan completa que lo que se ve desde la ventana pertenece a la casa también”

Después de acomodarnos en el alojamiento, decidimos pasar la tarde en Gijón. Aún tenía en la mente algunas imágenes del paseo marítimo de Gijón de cuando estuve con mis padres cuando apenas tenía 6 años, pero esas imágenes estaban bien grabadas ya que en este viaje pude reconfirmar todos mis recuerdos.

Aparcamos el coche en el parking del estadio de fútbol de El Molinón, campo del Sporting de Gijón. Mientras que rodeamos el estadio, el cual en esos momentos estaba vacío, vimos una puerta que estaba abierta… y como Javi tenía muchas ganas de ver el estadio… nos colamos a verlo!

Tras nuestra visita furtiva al estadio, comenzamos a andar por el paseo marítimo de Gijón, concretamente por la Playa de San Lorenzo, disfrutando del sonido del mar y la suave brisa que sentíamos en la cara. La sensación de pasear por la playa con una chaquetita de entretiempo es una de las mejores sensaciones que se pueden sentir 🙂

Playa de San Lorenzo

Playa de San Lorenzo

Cuando llegamos al final de este primer paseo marítimo, subimos una pequeña ladera hacia un parque desde el que se podía ver la inmensidad del mar: el parque del Cerro de Santa Catalina. Decir que nosotros culminamos este parque siendo ya de noche por lo que solamente pudimos sentir y ver la oscuridad impenetrable del mar que se extendía ante nosotros.

Monumento Elogio al Horizonte, Gijón

Monumento Elogio al Horizonte, Gijón

Recomendados por la dueña del alojamiento, íbamos buscando en este parque una escultura de hormigón llamada Elogio al Horizonte (Eduardo Chillida), en la cual, si te ponías debajo de ella, los sonidos que podías percibir del mar eran de otra manera. Encontramos la escultura y lo que pudimos oír situados bajo a ella no tiene descripción para los sentidos: parecía que estabas bajo el mar, no se escuchaba otra cosa más que el mar encima de tu cabeza. Un sonido que abruma a cualquiera que ose a ponerse debajo de la escultura. Tras disfrutar un rato de esta nueva percepción sensorial, comenzamos el descenso del parque para andar un poquito más por el Puerto Deportivo de Gijón (Playa de Poniente) camino al lugar donde íbamos a cenar. Según bajábamos por el parque empezó a llover… menuda tromba de agua que cayó! Nos refugiamos debajo de un portal durante un rato pero en vista de que no iba a escampar, decidimos pedir un taxi para llegar a nuestro destino.

Nuestro destino era la sidrería Tierra Astur, recomendado por la dueña del hotel para cenar. Nos dijo que allí podíamos ir a cualquier hora que siempre nos podían servir cenas o comidas, fuese la hora que fuese…

Al llegar, lo primero que nos llamó la atención fue la cuidada decoración del sitio: todo de madera, con botellas de sidra vacías que hacía a la vez de objetos decorativos en el techo, zonas que parecían barricas donde los comensales podían sentarse… Era un sitio que ya gustaba a la vista con solo traspasar el umbral de su puerta.

Sidrería Tierra Astur, Gijón

Sidrería Tierra Astur, Gijón

Cuando nos sentamos en la mesa, nos ofrecieron una extensa carta acompañada con sus respectivas fotografías de los plantos donde, sinceramente, no sabíamos qué elegir para cenar porque todo tenía una pinta deliciosa. Finalmente, tras consultar con uno de los camareros, optamos por pedir unas setas al cabrales y una parrillada de carne [¿de qué estaba compuesta la parrillada?].

A duras penas pudimos con los dos platos… y eso que nos dejamos aconsejar, sobre todo a lo que en cantidades se refiere! Pero todo estaba delicioso y de una calidad y sabor digna de Asturias. Aun habiendo acabado llenos, pudimos hacer un pequeño hueco en el estómago para probar uno de sus postres: [nombre del postre y descripción]

Nuevamente, la relación calidad-precio nos dejó con un muy buen sabor de boca puesto que por unos 40€ entre los dos cenamos como reyes.

A continuación os dejo el enlace a la página del sitio. Como podéis ver, tienen establecimientos en otras ciudades asturianas por lo que si tenéis oportunidad, no dejéis de visitarlos… Acierto seguro!

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Cudillero II

Tras pasar nuestro primer día en Cudillero, acudimos agotados a la pensión donde nos alojábamos, la Pensión Álvaro. Nos alojamos allí a sabiendas que no estaba en el centro de Cudillero pero fue una elección muy acertada y cuya relación calidad-precio nos dejó un buen sabor de boca. Nos dieron una habitación normal con un baño completo. El desayuno que ofrecía el alojamiento, por 3€ era aceptable. Consistía en café/colacao, zumo de naranja y dos tostadas que podían ser con mantequilla y mermelada o con aceite y tomate. Además, nos sirvieron en los dos desayunos unas rosquillas caseras que estaban deliciosas 🙂

El trato por parte del personal de la pensión fue excepcional. Es verdad que eran las mismas camareras de pisos las que se encargaban no solo de las habitaciones sino también de los desayunos por lo que alguna vez tardaban un poquito más de la cuenta. Decir de ellas que siempre se disculpaban y tenían una sonrisa en la boca.

Como ya he comentado, la relación calidad-precio era lo que nos hizo decidirnos por los comentarios que habíamos leído. 33€ noche / dos personas, por lo que lo esto lo hizo aún más interesante a la hora de valorarlo como opción.

Aquí os dejo el enlace a TripAdvisor de la Pensión Álvaro.

A la mañana siguiente nos dispusimos a recorrer la geografía de Cudillero y alrededores. Sin darnos cuenta fuimos a parar a la Playa de la Concha de Artedo. El nombre de la playa hace honor a la forma que esta tiene y es una de las playas en la que he visto que la fusión de vegetación, mar y arena están en perfecta armonía: mirabas hacia adelante y veías una gran extensión de arena que finalizaba en el frío mar Cantábrico; mirabas hacia detrás y tenías una gran vegetación verde que casi te atrapaba.

Playa de la Concha de Artedo

Playa de la Concha de Artedo (fotografía echa por mi)

A espaldas de la Playa de la Concha de Artedo

A espaldas de la Playa de la Concha de Artedo (fotografía echa por mi)

Tras la visita a esta preciosa playa, nos encaminamos hacia el Cabo Vidio, concretamente al lugar donde se encontraba un faro con el mismo nombre. Quiero intentar definir este lugar, pero toda definición se me va a quedar corta… El Cabo Vidio es lugar de una gran belleza natural pero a la vez impone respeto. La edificación del Faro Vidio podía ser rodeada caminando por un sendero que discurría, sin protección, por el acantilado que lo sostenía. De ahí el respeto que me daba el lugar. No obstante, las vistas desde este lugar eran increíbles: unos acantilados que te dejaban sin aire rodeados de un mar azul turquesa y además, como era primavera la época en la que fuimos, estaba rodeado de preciosas flores amarillas haciendo del Cabo Vidio un lugar que no hay que dejar de visitar.

Vistas desde el Cabo Vidio

Vistas desde el Cabo Vidio (fotografía echa por mi)

Vista de los acantilados del Cabo Vidio

Vista de los acantilados del Cabo Vidio (fotografía echa por mi)

Otro lugar a unos 10 kilómetros del Cabo Vidio y que me enamoró desde el primer momento que lo vi, fue la Playa del Silencio. El nombre de esta playa tiene bien merecido este nombre ya que para acceder a la misma, hay que dejar el coche aparcado y andar por unos senderos y por unas escaleras muy empinadas de piedra. Pero cuando por fin pones el pie en la arena de esa playa, te das cuenta de que el camino recorrido ha merecido la pena. El agua de esta playa era azul turquesa y estaba escondida entre grandes acantilados. En uno de estos acantilados, se habían formado pequeñas cuevas y arcos, haciendo del lugar un lugar mágico. No obstante, la guinda del pastel la ponía el sonido que se podía escuchar… La orilla de esta playa estaba llena de guijarros y cantos rodados por la erosión del mar, de tal manera que cada vez que las olas iban y venían estos cantos se movían, haciendo un sonido muy peculiar pero que a la vez trasmitía paz y tranquilidad. Javi y yo estuvimos un buen rato en esta playa… quería que no se me olvidase ningún detalle de la misma, emborrachar a mis sentidos con la magnificencia natural que había a mi alrededor…

Playa del Silencio

Playa del Silencio (fotografía echa por mi)

Por la noche, tras un día agotador, a la hora de cenar nos encontramos de nuevo visitando la página de TripAdvisor para acertar con el lugar donde cenar. De este modo, fuimos a parar a Casa Julio. Sin lugar a dudas, el puesto que tiene en TripAdvisor y la reputación que tiene es porque se lo merece! Desde el momento en el que entramos, el trato por parte del personal fue Escanciador eléctrico de Casa Juliode 10. En especial por la camarera la cual nos ayudó a elegir los platos para cenar ya que era nuestra segunda noche en territorio asturiano y todavía andábamos un poco “desorientados”, gastronómicamente hablando.  Inicialmente nos íbamos a pedir tres platos de su carta y cuando se lo anunciamos a la camarera nos dijo con una rotundidez aplastante “eso no os lo vais a comer”. Lo decía por el tamaño de las raciones y esa rotundidez nos hizo decidirnos por pedirnos una sidra, media ración de croquetas de picadillo de chorizo y un cachopo de cecina y queso vidiago. Menos mal que le hicimos caso a la camarera… El cachopo era como un brazo de largo y todo ello acompañado de patatas y ensalada. A duras penas pudimos terminarnos lo que pedimos, pero lo disfrutamos… Estaba todo buenísimo!! En especial el cachopo 😀 Al final logramos hacer hueco para pedirnos un requesón con miel y nueces, también delicioso.

Cachopo de Casa Julio

Cachopo de Casa Julio

Cuando volvamos a Cudillero volveremos a Casa Julio por el trato recibido, pero sobre todo por la relación calidad-precio la cual es de 12.

Os dejo el enlace de TripAdvisor en la que aparece esta crítica que escribí sobre Casa Julio, además de la de muchos otros comensales.

Cudillero I

En primer lugar, quiero pedir perdón a mis lectores por la ausencia de casi 2 meses y medio sin escribir… Estas últimas semanas he andado muy liada y entre unas cosas y otras no he podido dedicarle el tiempo que se merece a mi tan preciado blog…

En este periodo de tiempo, me ha dado tiempo irme de vacaciones una semana en el mes de mayo a uno de los lugares más especiales para mi: Asturias. Pues bien, en esta y en las siguientes entradas quiero contaros acerca de nuestro viaje a esta tierra sin igual 🙂

CudilleroCuando planeamos nuestro viaje a Asturias, tanto Javi como yo teníamos claro que queríamos hacer una ruta por la costa asturiana. Con esto en mente, el primer destino que planificamos para nuestra ruta fue Cudillero.

De siempre habíamos visto en fotografías imágenes de este pueblecito y nos llamaba mucho la atención por los colores vivos que podíamos ver y, desde luego, no nos decepcionó.

Cudillero es un precioso pueblo pesquero que se caracteriza principalmente por los colores de las fachadas de sus casas, su ambiente vivo en cualquier época del año que se visite y sobre todo, por la ergonomía del pueblo: todas sus casas están mirando a la plaza del pueblo, la cual está al lado de la costa. El pueblo es pequeño, pero no por ello pierde encanto 🙂

Barco pesquero, Cudillero (fotografía echa por mi)

Nada más llegar al pueblo y bajar del coche, lo que más nos llamó la atención fue ese olor y sonido a mar, característicos de los pueblos pesqueros. Habíamos cambiado totalmente de registro sensorial: de los olores y sonidos de Madrid a los olores y sonidos de Asturias, concretamente de Cudillero.

Plaza de Cudillero

Tras una primera visita al centro neurálgico del pueblo, nos disponíamos a comer. En cualquier dirección que mirases en Cudillero, había un restaurante donde poder comer. No obstante, optamos por utilizar la aplicación TripAdvisor para guiarnos y fue de esta manera como dimos con el restaurante-sidrería Casa Mari.

El restaurante está un poco escondido de todo el centro y no por ello la comida fue peor. Disfrutamos del menú del día por 12€ y pedimos arroz caldoso con bogavante que nos sirvieron en una fuente para servirnos al gusto. Estaba delicioso y muy bueno para asentar el cuerpo tras el viaje desde Madrid. Luego pedimos cachopo de pollo, el cual era una primera aproximación al famoso cachopo asturiano. Para finalizar, pedimos de postre requesón con miel y nueces que estaba de infarto.

El trato por parte de los camareros que nos sirvieron fue correcto. Por lo que este restaurante lo tendremos en cuenta cuando volvamos a Cudillero.

Podéis ver la crítica que puse al respecto de este lugar en TripAdvisor pinchando aquí.

Por la tarde, teníamos ganas de ver ya alguna playa, así que cogimos el coche a la aventura y fuimos a dar a una playa preciosa: la Playa del Aguilar. Esta playa de 600 metros de longitud, está situada en el fondo de una ensenada y está rodeada de la frondosa vegetación característica de Asturias. Tuvimos la suerte de ver atardecer en dicha playa y el espectáculo de luz y colores que pudimos presenciar no tenían comparación. De hecho, había un par de fotógrafos que estaban intentando inmortalizar con sus cámaras la extrema belleza natural que se podía ver y sentir en ese lugar.

Playa del Aguilar

Playa del Aguilar (fotografía echa por mi)

Por la noche, del mismo modo que nos sucedió por la mañana, cuando quisimos buscar un lugar para cenar no sabíamos dónde ir. Nuevamente, ayudándonos de TripAdvisor, nos encontramos cenando en El Rincón de Berto.

Cena en El Rincón de BertoNada más llegar a El Rincón de Berto, el camarero nos atendió de una manera cercana y con la simpatía característica de la zona. Le pedimos dos cervezas con limón y nos ofreció coger alguna de las tapas que tenía preparadas en la barra. A la hora de cenar, tras un largo rato decidiéndonos, nos decantamos finalmente por dos tortos de rulo de cabra y cecina y por uno de picadillo de matanza… no teníamos palabras para describir lo buenos que estaban! También pedimos una tabla de quesos asturianos la cual venía acompañara de membrillo y frutos secos… una verdadera delicia para los amantes del queso! Salimos muy contentos de El Rincón de Berto, primero por el trato recibido y segundo por la relación calidad-precio que pudimos encontrar.

Sin lugar a dudas, este es otro de los rinconcitos que tendremos en cuenta si volvemos a Cudillero.

Nuevamente, os dejo la crítica que puse al respecto de este lugar en TripAdvisor junto con la opinión de otros comensales que han disfrutado del lugar.

En la siguiente entrada, os seguiré contando nuestro viaje en esta etapa visitando Cudillero.

Parque Natural de la Sierra d’Irta, sus playas y sus calas

Cuando decidimos que íbamos a pasar nuestras vacaciones en Peñíscola, Javi rápidamente se puso a indagar qué cosas podríamos ver y hacer por sus alrededores. En uno de sus ratos de indagación, descubrió que cerca de la ciudad de Peñíscola había muchas playas, más salvajes que las de la ciudad en sí, y calas; por lo que sin dudarlo un momento, me dijo que teníamos que visitarlas.

Ya en la zona, lo que nos encontramos fue algo que ambos no esperábamos… Saliendo de Peñíscola, había una carretera muy estrecha que discurría al borde de la playa y esta misma carretera era la que nos permitió ir entrando en cada una de las calas y playas que había visto Javi por Internet. Decir que eran, prácticamente, playas salvajes. Mirabas hacia detrás y veías vegetación y mirabas hacia adelante y se extendía ante ti el inmenso mar.

Una de las primeras playas que visitamos en la zona fue la Playa de Sta. Lucía y lo que más me llamó la atención fue que la playa no era de arena, sino de cantos rodados. Estos cantos rodados, con el movimiento de las olas que se adentraban y salían de la playa hacían un sonido que jamás había podido escuchar. Si cerráis los ojos un momento, podéis imaginaros este sonido, el sonido de los guijarros al moverse cada vez que las olas iban y venían… Sin duda, un espectáculo de sonido para los oídos.

Vistas desde la Playa de Sta. Lucía

Vistas desde la Playa de Sta. Lucía

Después de disfrutar de esta playa, cogimos nuevamente el coche y continuamos por el camino que nos había llevado hasta allí. Mientras conducíamos, pudimos ver un cartel grande que nos indicaba que estábamos en el entorno del Parque Natural de la Sierra d’ Irta, una reserva de fauna y flora que tuvimos el gusto de disfrutar.

Ya desde el coche, pudimos admirar la belleza del entorno… Además, eran horas del atardecer por lo que las luces de este momento del día, dotaba al ambiente de un matiz de magia y romanticismo.

Desde otro ángulo, lo alto del Parque Natural de la Sierra d'Irta

Desde otro ángulo, lo alto del Parque Natural de la Sierra d’Irta

En lo alto del Parque Natural de la Sierra d'Irta

En lo alto del Parque Natural de la Sierra d’Irta

Desde el Parque Natural...

Desde el Parque Natural…

Bajo este entorno, fuimos a dar a la Playa del Pebret, en pleno Parque Natural. Nos encantó… nos encantó los matices que le daba el atardecer a la playa, la tranquilidad que se respiraba, la naturaleza que le rodeaba… A si que decidimos que un día de nuestras vacaciones, teníamos que ir allí a hacer merienda-cena y ver el atardecer juntos. A lo pocos días volvimos a esta playa, con nuestras hamacas, dispuestos a disfrutar del atardecer… cuando nos encontramos con una sorpresa no tan grata… A esas hora, los mosquitos se revolucionan un poco y cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos rodeados de ellos. Finalmente tuvimos que coger los bártulos e irnos porque sabíamos que si continuábamos allí por mucho rato, íbamos a acabar acribillados por los mosquitos! No obstante, mereció la pena el ratito que estuvimos allí…

A punto de hacerse de noche...

A punto de hacerse de noche…

Espetáculo de color! Algas y corales en la playa...

Espetáculo de color! Algas y corales en la playa…

Entrando en la Playa del Pebret

Entrando en la Playa del Pebret

Otra perspectiva de la Playa del Pebret

Otra perspectiva de la Playa del Pebret

Playa del Pebret

Playa del Pebret

También, entre la fauna y la flora del entorno, podemos encontrar un poco de su historia. En otros tiempos, la costa del Levante español eran foco de ataques de piratas y su principal propósito era saquear pueblos y ciudades. Es por ello, que a lo largo de la costa mediterránea, se puedan ver cantidad de castillos, torres de vigilancia y demás construcciones que servían para intentar detener los ataques de estos corsarios. Pues bien, entre la flora y la fauna que nos regala el Parque Natural de la Sierra d’Irta, podemos encontrar la Torre de Badúm. Hoy día la torre, obviamente, está en desuso, pero nos regala su presencia y su protagonismo en miles de fotografías…

Torre de Badúm y su entorno

Torre de Badúm y su entorno

Torre de Badúm

Torre de Badúm

Torre de Badúm

Torre de Badúm

A mi me pareció un lugar espectacular, digno de ser visitado. A Javi y a mi siempre nos gusta ir más allá de lo “típico” y el poder haber visitado el Parque Natural de la Sierra d’Irta es un ejemplo más de ello. Sin lugar a dudas, recomiendo el visitar este entorno porque el regalo que le hacemos a nuestra vista y a nuestros oídos es inigualable : )

Si queréis ver más fotografías que he tomado del Parque Natural de la Sierra d’Irta, Peñíscola y todo su entorno; te invito a que visites mi albúm de fotografías en Flickr.

Peñíscola y sus preciosas calles

Tal y cómo comenté en el anterior post que escribí sobre nuestras vacaciones a Peñíscola, uno de los rincones que más me gustaron de la ciudad fue su casco antiguo. Dentro de su casco antiguo podemos encontrar su famoso castillo templario, dónde se alojó el Papa Luna; y sus calles, lugar que me dejó fascinada.

Cuando nos propusimos viajar a Peñíscola, nunca hubiese pensado que el casco antiguo de esta ciudad albergaría tanto encanto como el que finalmente encontré allí. Siempre había soñado con visitar alguna de las ciudades del sur de España dónde las casas están pintadas de blanco, los dinteles de sus puertas y ventanas irradian el color de alguna pintura llamativa y sus calles se llenan de la luminosidad de dichas fachadas… pero jamás me hubiese imaginado que esto, que había estado soñando desde hacía tiempo, me lo iba a encontrar allí, en Peñíscola…

El primer día que visitamos el casco antiguo, fue por la tarde y estaba cayendo el sol. La puesta de sol hizo que nos encontrásemos con un espectáculo dantesco de luces y sombras dentro de las calles de fachadas blancas que la ciudad nos iba a regalar. Unas pequeñas farolas iluminaban sutilmente algunos puntos de las preciosas fachadas y dotaban al entorno de una magia sutil y pura.

Después de este hallazgo de luces, sombras y blancura, me dejé llevar por sus calles luminosas y estrechas… no tenía rumbo fijo y solamente quería empaparme del lugar, de las gentes… regalarle a mi vista el hecho de ver, esos colores tan claros que en mi cabeza siempre habían estado rondando…

A continuación os dejo algunas de las fotografía que tomé de este maravilloso lugar. Espero que las disfrutéis : )

Casco Antiguo de Peñíscola

Casco Antiguo de Peñíscola

Contraste de colores en una de las calles de Peñíscola

Contraste de colores en una de las calles de Peñíscola

Fachada del casco antiguo de Peñíscola

Fachada del casco antiguo de Peñíscola

Calle principal del Casco Antiguo de Peñíscola

Calle principal del Casco Antiguo de Peñíscola

Divagando por las calles...

Divagando por las calles…

Casa de las Conchas, Peñíscola

Casa de las Conchas, Peñíscola

Calle principal del Casco Antiguo de Peñíscola

Calle principal del Casco Antiguo de Peñíscola

Vistas del mar desde una de las calles de Peñíscola

Perdida en otra de sus preciosas calles...

Perdida en otra de sus preciosas calles…

Para ver más fotos de este maravilloso lugar, te invito a que visites mi página de Flickr : )

El Castillo de Peñíscola y sus impresionantes vistas

Ya estamos de vuelta en Madrid y el regreso está siendo duro. Aún así, queda una semana para comenzar a trabajar por lo que esta semana por Madrid me ayudará a ir volviendo poco a poco a la rutina.

Pero por el momento, vamos a olvidar la vuelta al trabajo y me voy a centrar en contaros entre este post y el siguiente sobre una zona de Peñíscola que me enamoró: la zona de su castillo y su casco antiguo.

Castillo de Peñíscola

Castillo de Peñíscola

Si algo hizo que nos decantaramos por Peñíscola a la hora de elegir nuestras vacaciones fue la combinación de playa y cultura. Peñíscola, al contar con su castillo y un casco antiguo precioso, dotaba a un lugar típico de veraneo de ese toque cultural que me gusta que tengan los lugares que visito porque, ya que nos hacemos muchos kilométros, a mi particularmente me gusta empaparme también de la historia, los rincones y la cultura de los lugares que visito.

La primera vez que pusimos como posible opción de destino vacacional Peñíscola, lo que más me llamó la atención fue las imágenes que pude ver de su castillo… ¿qué hacía un castillo a orillas del mar? Sabía, por lo poco que había leído entonces, que en ese castillo había vivido el Papa Benedicto XIII o, más conocido como, Papa Luna. ¿Y qué hacía un papa en la costa del levante español? ¿los papas no están en Roma? En nuestra visita al Castillo de Peñíscola pudimos solventar muchas de estas dudas, además de conocer muchísimos otros secretos del castillo.

El Castillo de Peñíscola está situado en el peñón que domina la ciudad, a 64 metros sobre el nivel del mar. Fue construido por Los Templarios en muy poco tiempo, desde 1294 y 1307.

Posteriormente, en el año 1411, Pedro Martinez de Luna y Pérez de Gotor fue nombrado Papa por la obediencia de Avignon, en Francia, con el nombre de Benedicto XIII. Este papa, por motivos estratégicos, decidió convertir el castillo en su palacio y en su biblioteca pontificia. Durante los años que el Papa Luna vivió en el castillo, tuvo lugar una lucha sobre su legitimidad cómo Papa y, debido a su tenacidad contra los enemigos, surgió la frase popular “mantenerse en sus trece” por la negativa de Benedicto XIII a renunciar a su posición de papa.

La visita al Castillo cuesta 5€. Hay una tarifa reducida para desempleados, jubilados y estudiantes de 3’5€. Con el precio de la entrada, se puede optar a hacer una visita guiada gratuita por el castillo la cual recomiendo encarecidamente por la cantidad de curiosidades y cosas que se aprende. Además, la entrada también nos da acceso al Parque de Artillería, situado a escasos metros de la entrada del castillo.

Además del valor de la visita cultural al Castillo, a mi lo que me dejo impresionada son las vistas que hay desde el mismo. Se puede ver Peñíscola en todo su esplendor. En ocasiones me daba la sensación de estar volando cómo un águila por poder disfrutar de las privilegiadas vistas que desde allí se podían observar. A continuación os voy a dejar unas fotografías que tomé del tan característico Castillo de Peñíscola, así como de las maravillosas vistas que se pueden disfrutar…

A lo alto, el Castillo de Peñíscola

A lo alto, el Castillo de Peñíscola

Faro de Peñíscola

Faro de Peñíscola

Vistas de Peñíscola desde su castillo

Vistas de Peñíscola desde su castillo

Vistas de Peñíscola desde su castillo

Vistas de Peñíscola desde su castillo

Faro de Peñíscola, desde otra perspectiva

Faro de Peñíscola, desde otra perspectiva

Vista del Casco Antiguo de Peñíscola, desde su castillo

Vista del Casco Antiguo de Peñíscola, desde su castillo

Vistas diurnas de Peñíscola

Vistas diurnas de Peñíscola

Vista nocturna de Peñíscola

Vista nocturna de Peñíscola

Si queréis ver más fotografías de las que he tomado en Peñíscola, os dejo aquí el enlace al álbum que he creado en Flickr.

Desde Peñíscola…

Ayer, día 2 de agosto, Javi y yo tomamos rumbo a nuestras deseadas vacaciones en la playa. Este año ha sido bastante duro en muchos aspectos, tanto para él como para mí, y particularmente en mi caso, nunca había tenido tantas ganas de desconectar de Madrid cómo este año.

Por todo ello, estos días nos disponemos a pasar nuestras primeras vacaciones juntos y a desconectar del día a día desde Peñíscola.

Ayer llegamos a esta ciudad costera de Castellón allá hacia las 12 de la mañana y buscamos nuestro apartamento, en el edificio Las Vegas (ya os hablaré de nuestro alojamiento dentro de unos días). No sé si a alguno os habrá pasado, pero a mí, es llegar a mi destino y me cambia totalmente el chip… Cuando me asomé a la terraza del apartamento y pude ver delante de mis ojos la inmensidad del mar, una sensación de paz y tranquilidad me inundó todo el cuerpo… Era como hacer realidad ese momento que tanto había estado esperando durante todo este largo año… Esa sensación de “preocupaciones cero” que te invade es tan grande que es totalmente indescriptible.

Vistas de frente desde nuestro apartamento

Vistas de frente desde nuestro apartamento

Vistas del Castillo de Peñíscola (Foto: Javi)

Vistas del Castillo de Peñíscola (Foto: Javi)

La tarde de ayer la pasamos de manera tranquila. Bajamos a la playa a eso de las 19:30 de la tarde y, aunque el sol ya estaba cayendo, la temperatura del mar y del ambiente era muy agradable.

Por la noche, a las 12 de la noche, pudimos disfrutar de unos preciosos fuegos artificiales que se llevaron a cabo en las inmediaciones del Castillo de Peñíscola. El dueño del apartamento nos comentó que la playa se llenaría de gente a esa hora ya que era un espectáculo digno de ver y la verdad, sus palabras se quedaron cortas al describir dichos fuegos. Nosotros decidimos ver los fuegos artificiales desde la terraza de nuestro apartamento… ¿qué mejor lugar que desde allí con las vistas que tenemos? El motivo de dichos fuegos artificiales era el inicio de el XX Festival Internacional de Música Antigua y Barroca, y por ello los fuegos artificiales iban acompañados de una música exquisita. No sé si conoceréis Peñíscola, pero sorprende mucho ver toda la zona de su característico castillo rodeado de fuegos artificiales que lo hacía mágico. Nos encantó verlos y fue una bienvenida preciosa a los 13 días de desconexión y tranquilidad que nos esperan.

A continuación os muestro unas fotografías de este espectáculo piromusical. Las fotos las he conseguido de la página de Facebook de Peñíscola:

Fuegos Artificiales

Hoy, me he despertado pronto… a las 8:15 ya estaba con los ojos como búhos!! Obviamente, a Javi no le he despertado… Si le llego a despertar me mata!! Jejeje Sí, seguro que os preguntáis que cómo es posible que me despierte tan pronto… La verdad, no lo sé. Pero lo que sé es que no hay mayor placer que despertarse uno por sí sólo, sin un despertador que te levante de un salto de la cama, aunque sea a las 8:15 de la mañana. Así que me he levantado, me he preparado un café con unas tostadas y me he puesto a leer un ratito. Después me he dispuesto a escribir esta entrada en el blog… Creo que estos ratitos por la mañana, hasta que Javi se despierte, van a ser mis ratitos para dedicarle tiempo a mi blog… : )

8:30 de la mañana, Peñíscola amaneciendo

8:30 de la mañana, Peñíscola amaneciendo