Llanes

Vistas desde el hotel Kaype Quintamar

Nuestra última parada en nuestra ruta por Asturias fue en el entorno de Llanes. Allí pasamos una noche en el hotel Kaype Quintamar. El coste de este alojamiento en el que entraba, además el desayuno, corrió a costa de una caja de Wonderbox que le regalé a Javi para Navidades. Decir que la situación de este hotel era totalmente privilegiada: en primera línea de la Playa de Barro. Además, nos tocó una habitación con vistas a esta playa por lo que nuestra estancia allí mejorada por estas vistas : ) El hotel, o al menos la zona donde nosotros estábamos alojados, tenía una decoración basada en un barco: los pasillos parecían los pasillos de un barco, con flotadores salvavidas, tonos azules… Una decoración curiosa y no muy vista.

LlanesTras pasar un rato en las inmediaciones del hotel y en la Playa de Barro, fuimos al pueblo de Llanes. Lo visitamos de noche y no por ello dejamos de sorprendernos con el encanto de este lugar. La última vez que fuimos a Asturias en el año 2014, visitamos Llanes durante muy poco tiempo y esta vez disfrutamos más del sitio pero bajo las luces de la noche. Nada más llegar al centro histórico del lugar, lo que más nos gustó fue su pequeño puerto pesquero, con sus barcos atracados… Era precioso ver el reflejo de los barcos y las luces en el agua oscura. Fue muy agradable pasear por Llanes de noche. En una calle paralela al puerto de Llanes, estaba la calle principal del pueblo, calle en la que había mucho ambiente y sitios donde poder tomar algo.

Llanes (fotografía de www.cantabricoexperience.com)

Llanes (fotografía de http://www.cantabricoexperience.com)

Llanes (fotografía de www.turismoasturias.es)

Llanes (fotografía de http://www.turismoasturias.es)

Y fue precisamente en esta calle donde nos paramos a cenar. Para no perder la costumbre, nos dejamos guiar por TripAdvisor para elegir el sitio adecuado para cenar. Y fue así como descubrimos la Sidrería El Antoju.

Desde el primer momento en el que pisamos la sidrería, el trato por parte del personal fue excepcional y cercano. Nos acomodaron en una mesa y tras la difícil elección de qué cenar y Cecina y rulo de cabrahabiéndonos dejado guiar por la camarera, optamos por pedir unos tortos variados entre los cuales los había de cecina y queso de cabrales, de huevo de codorniz con picadillo de matanza… También, pedimos una ración de cecina y rulo de cabra que tenía un sabor… Delicioso! Todo esto iba acompañado por dos botellas de sidra natural que nos bebimos… fresquita y que entraba sola! Además, cada vez que querías que te sirviesen sidra, se acercaba un camarero que te la escanciaba sin ningún problema.

Quedamos muy satisfechos y contento tras nuestro paso por la Sidrería El Antoju y nuestra recomendación es que, si visitáis la ciudad de Llanes, hagáis un alto en el camino en esta sidrería : )

A la mañana siguiente, nos encaminamos hacia una atracción natural que tiene la zona de Llanes y que es digno de ver, si la naturaleza lo permite: los bufones.

Un bufón es una formación geológica que se origina en las zonas costeras. Son chimeneas naturales abiertas que se forman en los acantilados. Cuando el mar está en pleamar, el agua choca con fuerza contra los acantilados y sube a través de estas chimeneas, saliendo despedida hacia arriba por el hueco a modo de géiser y produciendo un sonido característico.

Tengo que decir que cuando nosotros visitamos los Bufones de Arenillas tuvimos la mala suerte de que no hubiera en ese momento pleamar y no pudimos ver los bufones en su máximo esplendor… No obstante sí que pudimos disfrutar del sonido característico que hace esta formación geológica, eso sí, no con la magnitud con la que lo hubiéramos disfrutado de haber habido pleamar.

A continuación os dejo unas fotos que he encontrado de los bufones, en su máximo esplendor:

Bufón de Arenillas (fotografía de www.bufondearenillas.wordpress.com)

Bufón de Arenillas (fotografía de http://www.bufondearenillas.wordpress.com)

Bufones de Arenillas (fotografía de www.turismoasturias.es)

Bufones de Arenillas (fotografía de http://www.turismoasturias.es)

La última comida de Asturias la hicimos en el restaurante Casa Poli de un pueblecito llamado Puertas de Vidiago. Decir que fuimos a este restaurante recomendados por una compañera del trabajo y a pesar de que comentamos este hecho a la camarera que nos sirvió, el trato, para nuestro gusto, dejó que desear.

Cachopo de Casa PoliPara comer, pedimos unos tortos de picadillo de matanza y un cachopo, para despedirnos de nuestro viaje. Decir que la comida estaba deliciosa y el cachopo, como era de esperar, era de dimensiones desmesuradas: era como mi brazo de largo y obviamente, pedimos uno para los dos. De postre pedimos, para despedirnos que también estaba fabulosa.

En cuanto a la comida, no tenemos ninguna pega… pero en cuanto al trato, sí. . La actitud que vimos por parte de la camarera que nos sirvió fue en todo momento fue como desganada y hablando casi en susurros. Luego, la actitud del personal en general era muy seria. Parecían máquinas centradas solamente en su trabajo y nada más. No vimos por parte de ningún camarero ni una sonrisa durante toda la comida.

Por actitudes como esta, es por la que muchas veces concluyes que no volverías a un sitio. Cómo un lugar con una comida deliciosa, puede hacerte cambiar de opinión en cuanto a elegirle como opción para comer por el trato recibido durante el rato allí pasado. Y es que no sé si es a nosotros solos, pero nos dio la sensación de que el lugar en sí, jugaba con la baza de que la comida era buena y que por ello descuidaban algo tan importante como era el trato hacia los comensales.

Parque Natural de la Sierra d’Irta, sus playas y sus calas

Cuando decidimos que íbamos a pasar nuestras vacaciones en Peñíscola, Javi rápidamente se puso a indagar qué cosas podríamos ver y hacer por sus alrededores. En uno de sus ratos de indagación, descubrió que cerca de la ciudad de Peñíscola había muchas playas, más salvajes que las de la ciudad en sí, y calas; por lo que sin dudarlo un momento, me dijo que teníamos que visitarlas.

Ya en la zona, lo que nos encontramos fue algo que ambos no esperábamos… Saliendo de Peñíscola, había una carretera muy estrecha que discurría al borde de la playa y esta misma carretera era la que nos permitió ir entrando en cada una de las calas y playas que había visto Javi por Internet. Decir que eran, prácticamente, playas salvajes. Mirabas hacia detrás y veías vegetación y mirabas hacia adelante y se extendía ante ti el inmenso mar.

Una de las primeras playas que visitamos en la zona fue la Playa de Sta. Lucía y lo que más me llamó la atención fue que la playa no era de arena, sino de cantos rodados. Estos cantos rodados, con el movimiento de las olas que se adentraban y salían de la playa hacían un sonido que jamás había podido escuchar. Si cerráis los ojos un momento, podéis imaginaros este sonido, el sonido de los guijarros al moverse cada vez que las olas iban y venían… Sin duda, un espectáculo de sonido para los oídos.

Vistas desde la Playa de Sta. Lucía

Vistas desde la Playa de Sta. Lucía

Después de disfrutar de esta playa, cogimos nuevamente el coche y continuamos por el camino que nos había llevado hasta allí. Mientras conducíamos, pudimos ver un cartel grande que nos indicaba que estábamos en el entorno del Parque Natural de la Sierra d’ Irta, una reserva de fauna y flora que tuvimos el gusto de disfrutar.

Ya desde el coche, pudimos admirar la belleza del entorno… Además, eran horas del atardecer por lo que las luces de este momento del día, dotaba al ambiente de un matiz de magia y romanticismo.

Desde otro ángulo, lo alto del Parque Natural de la Sierra d'Irta

Desde otro ángulo, lo alto del Parque Natural de la Sierra d’Irta

En lo alto del Parque Natural de la Sierra d'Irta

En lo alto del Parque Natural de la Sierra d’Irta

Desde el Parque Natural...

Desde el Parque Natural…

Bajo este entorno, fuimos a dar a la Playa del Pebret, en pleno Parque Natural. Nos encantó… nos encantó los matices que le daba el atardecer a la playa, la tranquilidad que se respiraba, la naturaleza que le rodeaba… A si que decidimos que un día de nuestras vacaciones, teníamos que ir allí a hacer merienda-cena y ver el atardecer juntos. A lo pocos días volvimos a esta playa, con nuestras hamacas, dispuestos a disfrutar del atardecer… cuando nos encontramos con una sorpresa no tan grata… A esas hora, los mosquitos se revolucionan un poco y cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos rodeados de ellos. Finalmente tuvimos que coger los bártulos e irnos porque sabíamos que si continuábamos allí por mucho rato, íbamos a acabar acribillados por los mosquitos! No obstante, mereció la pena el ratito que estuvimos allí…

A punto de hacerse de noche...

A punto de hacerse de noche…

Espetáculo de color! Algas y corales en la playa...

Espetáculo de color! Algas y corales en la playa…

Entrando en la Playa del Pebret

Entrando en la Playa del Pebret

Otra perspectiva de la Playa del Pebret

Otra perspectiva de la Playa del Pebret

Playa del Pebret

Playa del Pebret

También, entre la fauna y la flora del entorno, podemos encontrar un poco de su historia. En otros tiempos, la costa del Levante español eran foco de ataques de piratas y su principal propósito era saquear pueblos y ciudades. Es por ello, que a lo largo de la costa mediterránea, se puedan ver cantidad de castillos, torres de vigilancia y demás construcciones que servían para intentar detener los ataques de estos corsarios. Pues bien, entre la flora y la fauna que nos regala el Parque Natural de la Sierra d’Irta, podemos encontrar la Torre de Badúm. Hoy día la torre, obviamente, está en desuso, pero nos regala su presencia y su protagonismo en miles de fotografías…

Torre de Badúm y su entorno

Torre de Badúm y su entorno

Torre de Badúm

Torre de Badúm

Torre de Badúm

Torre de Badúm

A mi me pareció un lugar espectacular, digno de ser visitado. A Javi y a mi siempre nos gusta ir más allá de lo “típico” y el poder haber visitado el Parque Natural de la Sierra d’Irta es un ejemplo más de ello. Sin lugar a dudas, recomiendo el visitar este entorno porque el regalo que le hacemos a nuestra vista y a nuestros oídos es inigualable : )

Si queréis ver más fotografías que he tomado del Parque Natural de la Sierra d’Irta, Peñíscola y todo su entorno; te invito a que visites mi albúm de fotografías en Flickr.

Un mar bailando bajo la lluvia

Recuerdo que hace un año, mientras me encontraba de vacaciones en Benidorm, escribí una entrada acerca del mar y lo que me trasmitia al verlo…

Este año me encuentro a muchos kilómetros de distancia de Benidorm, pero lo que el mar me trasmite aquí en Peñíscola sigue siendo una cantidad de sentimientos encontrados que nuevamente necesito dejar plasmados…

Hoy el cielo está muy nublado y apenas se ve el sol. De vez en cuando hay un algún rayo que se cuela entre alguna nube pero el protagonista de hoy es el cielo encapotado. La visión del mar bajo este cielo es gris. No se puede apreciar el azul de estos últimos días, pero ello no significa que deje de ser bello.

Ha empezado a llover y parece que el mar ha sacado su peor carácter. Hacia mucho que no veía llover sobre el mar… La conjunción del mar y la lluvia parece mágica y a su vez sobrenatural. Es como si el mismo mar se alimentará de su propio ser, que es el agua…

Ahora más que nunca, el mar me inspira respeto. Respeto porque no hay en la Naturaleza, elemento más poderoso que él. Si el mar quiere, te invita a que disfrutes de su calma. Si el mar quiere, te invita a que te des un baño con él. Si el mar quiere, te brinda con ese sonido del oleaje que hace que te alejes de todas las preocupaciones que te invaden. Si el mar quiere, arrasa con todo…

Mientras disfruto del espectáculo dantesco del mar bailando bajo la lluvia, me doy cuenta de que son muy dispares las cosas que te trasmite el mar… Calma, tranquilidad, evasión, respeto, fortaleza, grandiosidad…

Creo que no hay elemento en la Naturaleza que pueda hacer sentir tantas cosas y a la vez tan diferentes…

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Blue Moon

Luna AzulParece ser que el verano pone muy contenta a la Luna, ya que me vengo dando cuenta que casi todos los veranos ésta nos regala alguno de sus fenómenos para deleite de nuestros ojos.

El año pasado, allá por mediados de agosto, se pudo ver el fenómeno de la Superluna, fenómeno en el cual se puede observar al satélite de la Tierra más grande de lo habitual por su cercanía a nuestro planeta. Pues bien, anoche pudimos disfrutar de otro fenómeno lunar que a mi me hizo levantar la cabeza al cielo y disfrutar de su explendor: la Luna Azul, o más conocida como “Blue Moon”.

Lejos de lo que uno se puede imaginar con el término Luna Azul, este término viene dado porque es la segunda luna llena en un mismo mes, en este caso julio.

¿Y esto cómo es posible? El pasado día 2 de julio hubo luna llena, no obstante, los ciclos lunares son de exactamente 29,53 días. Por ello y por la diferencia de días entre unos meses del calendario y otros (28, 30, 31 días), cada 3 años es muy probable que ha finales de algún mes haya otra segunda luna llena. A esta segunda luna llena, por su rareza y por ser un fenómeno tan esporádico, es a la que se le llama Luna Azul.

¿Y por qué el término de Luna Azul? Es cierto que la luna en realidad no se torna en color azul. No obstante, si pueden darse lunas de este color y es cuando se ha producido una erupción volcánica. En el año 1883, después de la erupción del volcán Krakatoa (Indonesia) la gente aseguraba que durante varias noches se pudo ver la luna de este color. La fuerza de la erupción de un volcán es igual a una bomba nuclear de 100 megatones. Esto hace que se eleven a la atmósfera nubes de ceniza cuyas partículas hicieron que la luna se viese de color azul.

Como curiosidad, derivado de este fenómeno, también han nacido frases populares, cómo por ejemplo la frase anglosajona “once in a blue moon”, que viene a significar que algo sucede de manera muy esporádica.

Aunque realmente no se pueda apreciar la luna de color azul, creo que siempre es un momento mágico el poder ver la luna llena… y ya que no podremos disfrutar de otra hasta enero de 2018, vamos a disfrutar de este momento no una, sino dos veces al mes : )

Lo que la ciudad no tiene

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Este fin de semana lo he pasando en el pueblo de mi padre. Hacía muchísimos meses que no venia y ya tenía ganas de venir a dar una vueltecita y a ver a mi abuela paterna.

Anoche, salí al patio trasero y cerré los ojos. Me puse a escuchar todos esos sonidos que en una gran urbe no se puede apreciar tanto: las hojas movidas por el viento, los grillos cantando en su hábitat natural… En ese momento, con los ojos cerrados, no me sentía en el patio trasero de la casa, sino en medio de una gran espiral de naturaleza en su máximo explendor.

Y abrí los ojos… Y los elevé hasta que dieron de bruces con el cielo estrellado que había sobre mi cabeza. Impresiona mucho la claridad con la que se ven las estrellas cuando estamos en un lugar tal poco contaminado luminicamente como es San Juan del Molinillo. Puntos de luz en el cielo que titileaban en la inmensidad oscura del cielo abulense…

Son esos pequeños detalles de la naturaleza los que te hacen pensar realmente en las cosas que nos perdemos estando sumergidos en las grandes urbes y como son esos pequeños detalles los que hacen que se valore aun más el poder salir de la gran ciudad y perderse durante unos días, horas… en la paz, tranquilidad y naturaleza que nos brindan estos pequeños pueblos perdidos….

Visita a Navacerrada, Puerto de Cotos y Rascafría (Madrid)

Rama de árbol nevado, Puerto de Navacerrada

Rama de árbol nevado, Puerto de Navacerrada

Me supongo que al igual que yo, muchos de los que me leéis tenéis semanas en las todo vuestro alrededor os agobia… Semanas en las que, desde el lunes te quedarías dormido hasta el viernes… Esas semanas duras en las que, por si fuera poco, apenas ves a esa persona tan especial, y por lo tanto se te hacen aún más cuesta arriba… Con esos sentimientos me encontraba yo la semana pasada cuando el jueves, mi chico me dio la grata alegría de que el lunes, día 10 de noviembre (día festivo en Madrid), iba a librar en el trabajo.

Rápidamente nos dispusimos a pensar un plan para el lunes y ambos lo tuvimos claro al instante: queríamos pasar el día en la sierra de Madrid. Ya lo habíamos hablado en otras ocasiones, que este invierno subiríamos algún día a la sierra a disfrutar de un día invernal pero decidimos también ir este lunes a desconectar y a tomar fotos para comparar la estampa otoñal con la estampa invernal.

Cogimos el coche con rumbo el Puerto de Navacerrada y el Puerto de Cotos. Una de las cosas que más me gustan de viajar en coche es ir disfrutando del paisaje que la Naturaleza nos regala: los pinos característicos del clima que nos rodeaba, el verde otoñal mezclado con marrones, el olor a verde… Siempre disfrutando, no sólo del destino de nuestro viaje, sino también del viaje en sí.

Cuando culminamos la subida del Puerto de Navacerrada, cual fue nuestra sorpresa al ver que todo el paisaje estaba un poco nevado, lo suficiente para poder disfrutar de los árboles cubiertos de nieve, el frío y el blanco del paisaje. Una fina capa de nieve de, a lo sumo, tres centímetros, que nos hizo disfrutar de un día totalmente invernal. Abrigaditos con nuestros abrigos y nuestras bufandas dimos un paseo por la zona, hicimos fotografías…

Paisaje Puerto de Cotos

Paisaje Puerto de Cotos

La misma estampa invernal nos encontramos en el Puerto de Cotos. Además de seguir disfrutando de toda esa naturaleza blanca que nos rodeaba, en Cotos estuvimos en el único bar/restaurante de la zona: Venta Marcelino. Allí nos tomamos un reconfortante caldo con jerez que, aún siendo un poquito caro (2’5€, en vaso de caña), nos reconfortó el cuerpo y hizo entrar en calor.

Después de visitar Cotos y ya cercana la hora de la comida, pusimos rumbo a Rascafria. Rascafria es un pueblecito que podemos encontrar en medio de todo el paraje que vengo describiendo en este post y por lo tanto, con la belleza especial que tienen los pueblos de estos lugares. Nos dispusimos a buscar un sitio para comer ya que era bastante tarde y, la verdad, que no nos decidíamos. Encontramos los típicos “asadores” con fachadas de piedra, dinteles de madera… pero con los precios desorbitados. A si que ni cortos ni perezosos, buscamos en la página de TripAdvisor. TripAdvisor, por las recomendaciones, comentarios y puntuaciones de otros usuarios; nos recomendaba, el Restaurante Conchi, al cual otorgaron el “certificado de excelencia 2014”. Para ser sinceros, pasamos por la puerta de este restaurante y si, había gente, pero no es el típico restaurante que te llame la atención. Siguiendo la recomendación de TripAdvisor, entramos en el este restaurante. El lugar estaba lleno de gente y con motivo!! Nos acomodaron en una mesa en la terraza. En la terraza?? Sí. Tenían las típicas estufas para las terrazas al aire libre por lo que la temperatura era agradable. La camarera nos trajo la carta y a mi chico y a mi nos atrajeron las mismas cosas. Optamos por pedir dos entrantes y un plato principal para compartir. Detallo a continuación que comimos para que abráis un poco de boca : )

  • Croquetas caseras de boletus y queso picón (entrante). Una ración de cuatro croquetas enormes y caseras. Buenísimas.
  • Crèpes de morcilla con espinacas y piñones, todo ello cubierto con una salsita suave de queso (entrante).
  • Entrecot (plato principal). Inicialmente nos lo sirvieron poco hecho, pero pedimos que nos lo pasaran un poco más y nos lo dejaron entre “al punto” y muy hecho. La carne tierna y muy bien cocinado.
  • Milhojas de crema y nata (postre).
  • Tarta de queso con moras (postre).

Todo estaba delicioso con una calidad excepcional. Los ingredientes bien tratados, la mezcla de sabores increíble. Desde luego, si vuelvo a ir a Rascafría, apostaré por lo ya conocido que nos dejó sin palabras y volveremos allí.

Os dejo a continuación la dirección del lugar por si visitais este pueblo de la sierra madrileña y queréis hacer allí un alto en vuestro camino para comer:

Restaurante Conchi

C/Rosario, 23.

28740. Rascafría. Madrid.

El desafiante mar…

Apenas quedan unas horas para despedirnos de la semana de vacaciones que hemos pasado en Benidorm… Para despedirnos, hemos bajado esta tarde a la playa con la idea de darnos el último chapuzón antes de volvernos a Madrid y cuál ha sido nuestra sorpresa cuando hemos visto ondear una enorme bandera roja en la orilla de la playa…

Como sabréis, con bandera roja el baño está prohibido totalmente, a si que por la seguridad de todos estaban los vigilantes de la playa sacando a todo el mundo que estuviese dentro del agua… Como no, nunca puede faltar el típico padre que desafía a los vigilantes y lo que es peor, al mismísimo mar, y osa meterse en el agua aún con la reprimenda que los vigilantes iban echando a todos los “irresponsables“… Desde luego, muchas veces son peores los padres que los propios hijos…

Con este panorama, me senté en mi toalla, me eché hacia atrás y me puse a observar el mar… Estuve pensando en mil cosas… Las olas rompían en la orilla con una fuerza sobrenatural lo que me hizo pensar en el poder inmenso que tiene la Naturaleza… Muchos son los que intentan desafiarla, pero sin lugar a dudas es ella la que tiene todas las papeletas de ganar y nosotros las de perder… Esas olas son por las que los vigilantes nos prohibían la entrada al mar ya que comentaban que nos podían engullir para adentro sin darnos apenas cuenta…

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El sonido con el que acompañaban las olas al romper en la orilla, ya hacía notar que el mar no estaba como estos días atras, sino que estaba embravecido…

Muchas veces pienso que la Naturaleza nos hace estas muestras de su magnífico, y a la vez temible, poder para que nos demos cuenta de que por mucho que la raza humana quiera conquistar pequeños trozos de esta gran Naturaleza, siempre estará ella por encima de todos nosotros, con su fuerza y poder irrefutable… Haciéndonos saber que en cualquier momento puede “enfurecerse” y cualquier conquista humana dentro de su mundo natural, quede totalmente inservible…

Yo, particularmente, respeto mucho la Naturaleza y sé hasta que punto nosotros no somos nada a su lado. En este caso en concreto, le tengo mucho respeto al mar y a las consecuencias que puede traer el atreverse a entrar en sus turbulentas aguas…

Aún así, creo que nunca me dejará de sorprender magnificencia y la grandeza de la Naturaleza…