Pintando mandalas

Desde hacía tiempo, había querido introducir en mi vida un hábito sobre el que había leído y solo decían cosas buenas de ello: pintar mandalas. Entre las cosas buenas que había leído sobre ello, la principal que me llamaba la atención era la relajación y el abstraerse de todo para focalizarse en la labor de pintar.

¿Qué son los mandalas?

Los mandalas son representaciones del cosmos, con una utilidad espiritual o ritual. Son la forma en que el budismo y el hinduismo dibujan el universo.

El doctor Carl Jung, investigó acerca del efecto curativo que poseen las imágenes circulares en el alma. Él planteó que pintar mandalas ofrece tranquilidad y sosiego, tanto a las personas psíquicamente sanas como a los enfermos.

Determinó que el pintar un mandala nos hace pasar por tres fases:

1. Estimulación: la búsqueda inicial de los colores estimula la mente y la creatividad.

2. Organización: ponemos orden a nuestras ideas y decidimos el orden que se quiere dar al conjunto del mandala.

3. Liberación: la contemplación final del mandala ayuda a la meditación y nuestra cabeza descansa.

Entre los muchos beneficios que podemos encontrar en esta técnica sagrada están los siguientes:

  • Relajación ante la ansiedad, la angustia y el estrés.
  • Ayuda a combatir el insomnio y la depresión.
  • Mejora la paciencia, el autoestima y la memoria.
  • Tiende a centrarnos y a devolvernos al momento presente. Al aquí y ahora.
  • Favorece la concentración interior. Dirige la mirada hacia lo esencial e importante.
  • Flexibiliza nuestra manera de pensar y enfrentar los problemas.
  • Nos da la oportunidad de encontrar un espacio y un tiempo para nosotros mismos y poderlo disfrutar en perfecta armonía.

Mi técnica y experiencia pintando mandalas

Las Navidades pasadas mi hermana, sabiendo que andaba detrás de un libro de mandalas para colorear, me regaló un libro lleno de imágenes para que me iniciase en este maravilloso mundo. El libro se llama Mandalas y otros dibujos budistas para colorear y os dejo a continuación la reseña:

Título: Mandalas y otros dibujos budistas para colorear
Editorial: Planeta
ISBN: 9788408136088

Más tarde, mis compañeras del trabajo me regalaron otro cuaderno para pintar mandalas, este de la tienda Tiger. Este cuaderno también tiene unas láminas preciosas para colorear.

La primera elección a la que tuve que hacer frente era elegir el tipo de material con el que quería llenar de color las figuras. Yo he elegido para pintar mis mandalas los lápices de madera. No obstante, se pueden pintar con otros tipos de materiales: acrílicos, acuarelas, tizas, rotuladores… Por ello, no descarto en un futuro usar otro material para darle color a tan preciosas figuras.

Otro punto que es muy importante a la hora de pintar mandalas es buscar un lugar tranquilo, iluminado y aislado en el hogar para sentirnos relajados y sin más preocupaciones que la de lograr el dibujo. Además de esto, yo suelo ambientar la habitación donde voy a estar con música instrumental que invite a la relajación.

La elección del mandala que vamos a pintar también es importante. Su elección debe ser algo personal. Debemos guiarnos por la intuición y elegir uno que atraiga nuestra atención. Con el paso del tiempo, podemos elegir mandalas más grandes e incluso murales.

Uno de los puntos más relevantes a tener en cuenta a la hora de pintar estas figuras es disponer en forma de abanico los diferentes colores. Hay que observar el dibujo en blanco y dejar que los colores lo vayan llenando en nuestra mente.

Profundizando en lecturas sobre esta técnica y tras mi propia experiencia, los mandalas se pueden colorear de dos posibles maneras dependiendo de la finalidad que queremos obtener al pintarlo:

  • Si lo que queremos es mostrar cómo nos sentimos, empezaremos a colorear de dentro hacia los bordes.
  • Si lo que pretendemos es centrarnos, aclararnos la mente, lo haremos de fuera hacia dentro.

Siempre se debe empezar a pintar el mandala con el color que más nos haya atraído y no hay que razonar los colores que se van eligiendo a continuación, solo centrarnos en colorear y dejar que los colores surjan por sí solos. De este modo, una vez acabado, podremos interpretar a través del mandala nuestro estado anímico.

Hay quien dice que un mandala hay que empezarlo y finalizarlo en la misma sesión. Eso es bueno en el sentido de que durante la pintura de un mandala, realmente se estamos llevando a cabo una técnica de meditación en el que dejamos fluir nuestra energía, sentimientos y pensamientos dentro del mandala en forma de colores y trazos. Si dejamos de pintar durante unos minutos, horas o días, ya no se tendrán las mismas energía, sentimientos y pensamientos que en el momento en el que empezamos.

No obstante, lo más importante es lo que le funcione a cada uno. Empezar y terminarlo en la misma sesión, empezarlo y terminarlo en diferentes sesiones, pintar varios mandalas a la vez, pintar en casa, en el transporte público… Lo importante es sentir que se está haciendo bien porque eso significa que está funcionando. No importa lo que digan los textos, sino la experiencia que obtengamos de ello.

Cuando se finaliza de pintar un mandala, vemos que una imagen que estaba en blanco y negro, ahora está totalmente llena de color. En ese momento se puede ver una representación de nuestro estado de ánimo, la combinación de nuestro estado interior en relación con el mundo exterior.

A lo largo de la lectura de este artículo has podido ver la fotografía de tres de los mandalas que he pintado. La verdad, que es una gran satisfacción lo que se siente cuando finalizas uno de estos dibujos y ves todo relleno de color.

Si te has decidido a indagar dentro del maravilloso mundo de pintar mandalas, es importante dedicarle un rato a la semana a esta forma de meditar. Los beneficios que hay derivados de esta práctica son numerosos, además de permitirnos encontrarnos con nosotros mismos y dedicarnos en tiempo y espacio a unos momentos que son solo para nosotros.

¿Habéis pintado alguna vez un mandala? ¿Conociais esta forma de meditación? ¿Qué técnica usáis vosotros?

Referencias:

Extracto literario #31 – Sentimientos contradictorios que aparecen al finalizar un buen libro

Y tras llegar al final de una magnífica lectura, me topo con las palabras adecuadas para describir los sentimientos contradictorios con los que los lectores nos encontramos al finalizar algunos de esos libros que marcan un antes y un después en nuestra persona:

Extracto libro "La verdad sobre el caso Harry Quebert"

“Un buen libro, Marcus, no se mide sólo por sus últimas palabras, sino por el efecto colectivo de todas las palabras precedentes. Apenas medio segundo después de haber terminado el libro, tras haber leído la última palabra, el lector debe sentirse invadido por un fuerte sentimiento; durante un instante, sólo debe pensar en todo lo que acaba de leer, mirar la portada y sonreír con un gramo de tristeza porque va a echar de menos a todos los personajes. Un buen libro Marcus, es un libro que uno se arrepiente de terminar”.

La verdad sobre el caso Harry Quebert – Jöel Dicker

Llanes

Vistas desde el hotel Kaype Quintamar

Nuestra última parada en nuestra ruta por Asturias fue en el entorno de Llanes. Allí pasamos una noche en el hotel Kaype Quintamar. El coste de este alojamiento en el que entraba, además el desayuno, corrió a costa de una caja de Wonderbox que le regalé a Javi para Navidades. Decir que la situación de este hotel era totalmente privilegiada: en primera línea de la Playa de Barro. Además, nos tocó una habitación con vistas a esta playa por lo que nuestra estancia allí mejorada por estas vistas : ) El hotel, o al menos la zona donde nosotros estábamos alojados, tenía una decoración basada en un barco: los pasillos parecían los pasillos de un barco, con flotadores salvavidas, tonos azules… Una decoración curiosa y no muy vista.

LlanesTras pasar un rato en las inmediaciones del hotel y en la Playa de Barro, fuimos al pueblo de Llanes. Lo visitamos de noche y no por ello dejamos de sorprendernos con el encanto de este lugar. La última vez que fuimos a Asturias en el año 2014, visitamos Llanes durante muy poco tiempo y esta vez disfrutamos más del sitio pero bajo las luces de la noche. Nada más llegar al centro histórico del lugar, lo que más nos gustó fue su pequeño puerto pesquero, con sus barcos atracados… Era precioso ver el reflejo de los barcos y las luces en el agua oscura. Fue muy agradable pasear por Llanes de noche. En una calle paralela al puerto de Llanes, estaba la calle principal del pueblo, calle en la que había mucho ambiente y sitios donde poder tomar algo.

Llanes (fotografía de www.cantabricoexperience.com)

Llanes (fotografía de http://www.cantabricoexperience.com)

Llanes (fotografía de www.turismoasturias.es)

Llanes (fotografía de http://www.turismoasturias.es)

Y fue precisamente en esta calle donde nos paramos a cenar. Para no perder la costumbre, nos dejamos guiar por TripAdvisor para elegir el sitio adecuado para cenar. Y fue así como descubrimos la Sidrería El Antoju.

Desde el primer momento en el que pisamos la sidrería, el trato por parte del personal fue excepcional y cercano. Nos acomodaron en una mesa y tras la difícil elección de qué cenar y Cecina y rulo de cabrahabiéndonos dejado guiar por la camarera, optamos por pedir unos tortos variados entre los cuales los había de cecina y queso de cabrales, de huevo de codorniz con picadillo de matanza… También, pedimos una ración de cecina y rulo de cabra que tenía un sabor… Delicioso! Todo esto iba acompañado por dos botellas de sidra natural que nos bebimos… fresquita y que entraba sola! Además, cada vez que querías que te sirviesen sidra, se acercaba un camarero que te la escanciaba sin ningún problema.

Quedamos muy satisfechos y contento tras nuestro paso por la Sidrería El Antoju y nuestra recomendación es que, si visitáis la ciudad de Llanes, hagáis un alto en el camino en esta sidrería : )

A la mañana siguiente, nos encaminamos hacia una atracción natural que tiene la zona de Llanes y que es digno de ver, si la naturaleza lo permite: los bufones.

Un bufón es una formación geológica que se origina en las zonas costeras. Son chimeneas naturales abiertas que se forman en los acantilados. Cuando el mar está en pleamar, el agua choca con fuerza contra los acantilados y sube a través de estas chimeneas, saliendo despedida hacia arriba por el hueco a modo de géiser y produciendo un sonido característico.

Tengo que decir que cuando nosotros visitamos los Bufones de Arenillas tuvimos la mala suerte de que no hubiera en ese momento pleamar y no pudimos ver los bufones en su máximo esplendor… No obstante sí que pudimos disfrutar del sonido característico que hace esta formación geológica, eso sí, no con la magnitud con la que lo hubiéramos disfrutado de haber habido pleamar.

A continuación os dejo unas fotos que he encontrado de los bufones, en su máximo esplendor:

Bufón de Arenillas (fotografía de www.bufondearenillas.wordpress.com)

Bufón de Arenillas (fotografía de http://www.bufondearenillas.wordpress.com)

Bufones de Arenillas (fotografía de www.turismoasturias.es)

Bufones de Arenillas (fotografía de http://www.turismoasturias.es)

La última comida de Asturias la hicimos en el restaurante Casa Poli de un pueblecito llamado Puertas de Vidiago. Decir que fuimos a este restaurante recomendados por una compañera del trabajo y a pesar de que comentamos este hecho a la camarera que nos sirvió, el trato, para nuestro gusto, dejó que desear.

Cachopo de Casa PoliPara comer, pedimos unos tortos de picadillo de matanza y un cachopo, para despedirnos de nuestro viaje. Decir que la comida estaba deliciosa y el cachopo, como era de esperar, era de dimensiones desmesuradas: era como mi brazo de largo y obviamente, pedimos uno para los dos. De postre pedimos, para despedirnos que también estaba fabulosa.

En cuanto a la comida, no tenemos ninguna pega… pero en cuanto al trato, sí. . La actitud que vimos por parte de la camarera que nos sirvió fue en todo momento fue como desganada y hablando casi en susurros. Luego, la actitud del personal en general era muy seria. Parecían máquinas centradas solamente en su trabajo y nada más. No vimos por parte de ningún camarero ni una sonrisa durante toda la comida.

Por actitudes como esta, es por la que muchas veces concluyes que no volverías a un sitio. Cómo un lugar con una comida deliciosa, puede hacerte cambiar de opinión en cuanto a elegirle como opción para comer por el trato recibido durante el rato allí pasado. Y es que no sé si es a nosotros solos, pero nos dio la sensación de que el lugar en sí, jugaba con la baza de que la comida era buena y que por ello descuidaban algo tan importante como era el trato hacia los comensales.

Picos de Europa, una zona de Asturias que me enamora :)

Nuestro tercer alto en el camino de la ruta que íbamos siguiendo en Asturias fue una zona que Javi y yo le tenemos mucho cariño: los Picos de Europa.

Hace dos años ya nos enamoró esta zona y este año nuevamente nos ha dejado impresionados la naturaleza que envuelve toda la zona.

Casa de aldea El CaserónEn esta zona, nos alojamos durante dos noches en una casa de aldea llamada El Caserón. Dicho alojamiento estaba situado en Soto de Cangas. Con nuestra estancia aquí, supimos el verdadero significado del distintivo Casa de Aldea que se le da a muchos de los alojamientos que están en esta zona: viviendas autónomas e independientes, cuyas características son propias de la arquitectura tradicional asturiana de la zona, en las que se proporcione el servicio de alojamiento y adicionalmente, otros servicios complementarios.

En El Caserón, hasta los más mínimos detalles estaban perfectamente cuidados para que la estancia de los huéspedes fuese tranquila y placentera: detalles de madera y tonos marrones que te transportaban al más profundo sentido rural. Sentías crujir la madera bajo tus pies en cada paso que dabas, pequeño detalle que a la vez te hacía situarte dentro del entorno rural y natural en el que estábamos.

Junto con el alojamiento, pudimos disfrutar también del desayuno, el cual era de tipo buffet y era muy variado: zumos, café, colacao, variedad de tartas y dulces caseros, fruta, verdura… pero sin duda, una de las cosas que más triunfaban en el buffet eran los huevos revueltos con jamón recién hechos por el cocinero con un toque de pimentón… para chuparse los dedos!

El trato por parte del personal de El Caserón, en todo momento fue muy atento, cercano y hospitalario. Siempre dispuestos a aconsejarte y ayudarte a planificar tus rutas, con el fin de que la estancia en ese rinconcito de los Picos de Europa fuese lo más agradable posible.

Entorno de la casa de aldea El Caserón

Entorno de la casa de aldea El Caserón

Los dos días que estuvimos en esta zona, comimos en una casa de comidas que conocimos, nuevamente, a través de TripAdvisor. La casa de comidas se llama Casa Pedro Parrés y está situado en una pequeña aldea a 2 km de Cangas de Onís.

El concepto de cocina típica asturiana está reflejado al completo en este establecimiento, tanto en el lugar en sí, como en la cocina.

Fabada asturiana de Casa Pedro Parrés

El primer día llegamos sobre las 15:30, por lo que tuvimos que esperar unos 10 min hasta que nos pudieron acomodar dentro del salón. Cuando nos sentamos a la mesa ya sentimos que estábamos en un lugar cálido y hogareño. El primer día, yo pedí una ensalada de queso que estaba deliciosa y de segundo unos escalopes con queso de cabrales. La ternera estaba tierna y todo tenía muy buen sabor. Javi se pidió un menú Casa Pedro que estaba compuesto de una fabada que se la sirvieron en una pequeña cazuela y le dijeron que si quería repetir que solo tenía que pedirlo. Y de segundo le pusieron un cachopo que estaba delicioso. De postre pedimos tarta de la abuela que era de chocolate y crema… deliciosa!

El segundo día queríamos ir al acierto seguro y por tanto repetimos. Esta vez los dos pedimos, el menú Casa Pedro, y nuevamente nos quedamos maravillados con los sabores y el cariño con el que se notaba que hacían la comida.

Seguramente que volvamos por esta zona y sin lugar a duda volveremos a esta casa de comidas.

Pinchando en la foto o en este enlace, podéis acceder a la página web del sitio.

Otra de las paradas obligatorias en la zona de los Picos de Europa, fue la visita a la Basílica de Covadonga y todo su entorno. Creo que nunca me dejaré de sorprender al admirar la majestuosidad de todo el conjunto y de cómo todos sus puntos de interés se fusionan con la naturaleza del entorno.

Tengo pendiente escribir una entrada más extensa acerca de este fantástico conjunto monumental y natural… mientras tanto, aquí os dejo una foto:

Basílica de Covadonga (mayo 2016)

Basílica de Covadonga (mayo 2016)

Partiendo de la Basílica de Covadonga y siguiendo una sinuosa carretera, llegamos nuevamente a los Lagos de Covadonga. Nuevamente nos volvió a enamorar por sus paisajes… y por sus vaquitas que están por allí libremente pastando! Una delicia para la vista que nos volvió a enamorar y que jamás me cansaré de visitar cuando viaje a Asturias.

Aquí os dejo el link a la entrada que escribí acerca de esta maravilla de lagos.

Lagos de Covadonga (mayo 2016)

Lagos de Covadonga (mayo 2016)

En esta segunda visita a Asturias, visitamos también un lugar un poco escondido en el entorno de los Lagos de Covadonga. Mi hermana Lorena estuvo allí hace unos meses y me habló del sitio: las Minas de Buferra. Estas minas se encuentran al aire libre y antiguamente se extraía de ellas manganeso. Se dejaron de explotar en el año 1972 y actualmente se conserva como lugar curioso para visitar.

Minas de Buferra

Minas de Buferra

Y en nuestra visita al entorno de los Picos de Europa, no podía faltar la visita obligada a Cangas de Onís, donde la principal atracción turística es su puente romano. Es una pequeña ciudad que jamás me dejará de sorprender y que tiene su especial encanto por estar sumergida en un entorno sin igual.

Cangas de Onís (visita 2016)

Cangas de Onís (visita 2016)

Aquí os dejo el enlace de la entrada que publiqué hace dos años acerca de este precioso pueblo.

Para finalizar nuestra visita a la zona de los Picos de Europa, Javi y yo teníamos una visita obligada a La Escuela, un local que descubrimos en el año 2014 y que ya nos sorprendió por el tamaño de sus hamburguesas… Dos años después quisimos volver por el recuerdo que teníamos y no nos defraudó. Es verdad que íbamos con una idea predefinida y nos entró miedo al pensar que durante dos años habíamos estado “magnificando” las hamburguesas del sitio, pero tras dos años, volvimos y no nos defraudó.

Pedimos dos menús en el que entraban la consumición, patatas estilo deluxe y la hamburguesa. La hamburguesa se podía elegir entre las que había en la carta. Yo me pedí una hamburguesa Dixebra y Javi se pidió una hamburguesa Mala Reputación, ambas al punto. En mi caso, la particularidad de la hamburguesa Dixebra, era el toque a queso de cabrales que tenía, toque que la hacía deliciosa.

Hamburguesa Mala Reputación, La Escuela

Hamburguesa Mala Reputación, La Escuela

En la nuestra primera visita en el año 2014 ya nos sorprendió la relación tamaño-calidad-precio (probablemente porque aquí, en Madrid, estamos acostumbrados a otro tipo de hamburguesas y a precios elevados) y esta vez lo hemos reconfirmado.

Con esta visita podemos decir que La Escuela se ha convertido en una pequeña tradición cada vez que viajamos a Cangas de Onís y la próxima vez que subamos a Asturias, repetiremos:)

Gijón

Tras dos magníficos días visitando toda la zona de Cudillero y sus alrededores (ver entradas aquí y aquí), la siguiente parada en nuestra ruta fue en Gijón.

Reconozco que fue Javi quien se encargó de hacer las reservas en los alojamientos en los que nos hospedamos, y fue una gran sorpresa el alojamiento que eligió en Quintueles, al lado de Gijón: el hotel Son de Mar.

El hotel Son de Mar es considerado el hotel más pequeño de España ya que cuenta solo con dos habitaciones. Además de estas dos habitaciones cuenta con otro tipo de alojamientos enfocados a grupos. Cuando llegamos a la parcela donde se situaba el hotel Son de Mar, sentí que estaba transportándome a otro lugar. Ante nosotros teníamos una enorme casa azul que servía a la vez de casa para la dueña y a la vez contenía las dos habitaciones que componían el hotel.

Hotel Son de Mar (fotografía tomada por mi)

Hotel Son de Mar (fotografía tomada por mi)

Cada detalle dentro de la finca estaba perfectamente cuidado: esculturas, flora, vegetación… hasta había cabida para un hórreo, la famosa edificación donde se guarda el grano en tierras asturianas. El entorno donde se situaba este alojamiento no podría haber estado en mejor lugar: el sonido del viento, de los grillos… en definitiva, cerrabas los ojos y estabas sumergido en un entorno donde solo se respiraba paz y tranquilidad.

Lo bonito de este lugar no solamente estaba en el entorno, sino también en los detalles de la habitación en sí. Entramos y nuestra habitación tenía dos plantas: una primera planta donde estaba la cama, el baño y una pequeña sala de estar; todo con un estilo italiano y marinero. Si subíamos por una escaleritas a la planta de arriba, había una pequeña zona habilitada con un sofá, una estantería llena de libros y una luz tenue que invitaba a la reflexión y a la lectura.

Todo el conjunto en sí: el entorno, la parcela perfectamente cuidada, la habitación; hacían del hotel Son de Mar un lugar mágico. Es de estos lugares en los que se te pasa por la cabeza dejarlo todo y comprar un pequeño terreno para dedicarte a un negocio de este calibre donde disfrutar del entorno y sobre todo ver disfrutar a tus huéspedes con lo que con tanto cariño has construido.

Hotel Son de Mar, su entono (fotografía tomada por mi)

Hotel Son de Mar, su entono (fotografía tomada por mi)

Desde el primer momento, el trato por parte de la dueña fue de 10. Nos facilitó un mapa de todo Asturias donde señalaba los principales puntos turísticos que podíamos visitar y también nos recomendó un sitio donde cenar en Gijón que os contaré unas líneas más abajo. Cuando nos fuimos del hotel, le dije a la dueña que cuidase ese sitio porque era una maravilla, que tenía un trocito de paraíso en Asturias:) A su vez, ésta nos regaló un precioso marcapáginas que rezaba la siguiente frase, la cual define a la perfección al hotel Son de Mar:

“La acogida de la casa es entonces tan completa que lo que se ve desde la ventana pertenece a la casa también”

Después de acomodarnos en el alojamiento, decidimos pasar la tarde en Gijón. Aún tenía en la mente algunas imágenes del paseo marítimo de Gijón de cuando estuve con mis padres cuando apenas tenía 6 años, pero esas imágenes estaban bien grabadas ya que en este viaje pude reconfirmar todos mis recuerdos.

Aparcamos el coche en el parking del estadio de fútbol de El Molinón, campo del Sporting de Gijón. Mientras que rodeamos el estadio, el cual en esos momentos estaba vacío, vimos una puerta que estaba abierta… y como Javi tenía muchas ganas de ver el estadio… nos colamos a verlo!

Tras nuestra visita furtiva al estadio, comenzamos a andar por el paseo marítimo de Gijón, concretamente por la Playa de San Lorenzo, disfrutando del sonido del mar y la suave brisa que sentíamos en la cara. La sensación de pasear por la playa con una chaquetita de entretiempo es una de las mejores sensaciones que se pueden sentir:)

Playa de San Lorenzo

Playa de San Lorenzo

Cuando llegamos al final de este primer paseo marítimo, subimos una pequeña ladera hacia un parque desde el que se podía ver la inmensidad del mar: el parque del Cerro de Santa Catalina. Decir que nosotros culminamos este parque siendo ya de noche por lo que solamente pudimos sentir y ver la oscuridad impenetrable del mar que se extendía ante nosotros.

Monumento Elogio al Horizonte, Gijón

Monumento Elogio al Horizonte, Gijón

Recomendados por la dueña del alojamiento, íbamos buscando en este parque una escultura de hormigón llamada Elogio al Horizonte (Eduardo Chillida), en la cual, si te ponías debajo de ella, los sonidos que podías percibir del mar eran de otra manera. Encontramos la escultura y lo que pudimos oír situados bajo a ella no tiene descripción para los sentidos: parecía que estabas bajo el mar, no se escuchaba otra cosa más que el mar encima de tu cabeza. Un sonido que abruma a cualquiera que ose a ponerse debajo de la escultura. Tras disfrutar un rato de esta nueva percepción sensorial, comenzamos el descenso del parque para andar un poquito más por el Puerto Deportivo de Gijón (Playa de Poniente) camino al lugar donde íbamos a cenar. Según bajábamos por el parque empezó a llover… menuda tromba de agua que cayó! Nos refugiamos debajo de un portal durante un rato pero en vista de que no iba a escampar, decidimos pedir un taxi para llegar a nuestro destino.

Nuestro destino era la sidrería Tierra Astur, recomendado por la dueña del hotel para cenar. Nos dijo que allí podíamos ir a cualquier hora que siempre nos podían servir cenas o comidas, fuese la hora que fuese…

Al llegar, lo primero que nos llamó la atención fue la cuidada decoración del sitio: todo de madera, con botellas de sidra vacías que hacía a la vez de objetos decorativos en el techo, zonas que parecían barricas donde los comensales podían sentarse… Era un sitio que ya gustaba a la vista con solo traspasar el umbral de su puerta.

Sidrería Tierra Astur, Gijón

Sidrería Tierra Astur, Gijón

Cuando nos sentamos en la mesa, nos ofrecieron una extensa carta acompañada con sus respectivas fotografías de los plantos donde, sinceramente, no sabíamos qué elegir para cenar porque todo tenía una pinta deliciosa. Finalmente, tras consultar con uno de los camareros, optamos por pedir unas setas al cabrales y una parrillada de carne [¿de qué estaba compuesta la parrillada?].

A duras penas pudimos con los dos platos… y eso que nos dejamos aconsejar, sobre todo a lo que en cantidades se refiere! Pero todo estaba delicioso y de una calidad y sabor digna de Asturias. Aun habiendo acabado llenos, pudimos hacer un pequeño hueco en el estómago para probar uno de sus postres: [nombre del postre y descripción]

Nuevamente, la relación calidad-precio nos dejó con un muy buen sabor de boca puesto que por unos 40€ entre los dos cenamos como reyes.

A continuación os dejo el enlace a la página del sitio. Como podéis ver, tienen establecimientos en otras ciudades asturianas por lo que si tenéis oportunidad, no dejéis de visitarlos… Acierto seguro!

Cudillero II

Tras pasar nuestro primer día en Cudillero, acudimos agotados a la pensión donde nos alojábamos, la Pensión Álvaro. Nos alojamos allí a sabiendas que no estaba en el centro de Cudillero pero fue una elección muy acertada y cuya relación calidad-precio nos dejó un buen sabor de boca. Nos dieron una habitación normal con un baño completo. El desayuno que ofrecía el alojamiento, por 3€ era aceptable. Consistía en café/colacao, zumo de naranja y dos tostadas que podían ser con mantequilla y mermelada o con aceite y tomate. Además, nos sirvieron en los dos desayunos unas rosquillas caseras que estaban deliciosas:)

El trato por parte del personal de la pensión fue excepcional. Es verdad que eran las mismas camareras de pisos las que se encargaban no solo de las habitaciones sino también de los desayunos por lo que alguna vez tardaban un poquito más de la cuenta. Decir de ellas que siempre se disculpaban y tenían una sonrisa en la boca.

Como ya he comentado, la relación calidad-precio era lo que nos hizo decidirnos por los comentarios que habíamos leído. 33€ noche / dos personas, por lo que lo esto lo hizo aún más interesante a la hora de valorarlo como opción.

Aquí os dejo el enlace a TripAdvisor de la Pensión Álvaro.

A la mañana siguiente nos dispusimos a recorrer la geografía de Cudillero y alrededores. Sin darnos cuenta fuimos a parar a la Playa de la Concha de Artedo. El nombre de la playa hace honor a la forma que esta tiene y es una de las playas en la que he visto que la fusión de vegetación, mar y arena están en perfecta armonía: mirabas hacia adelante y veías una gran extensión de arena que finalizaba en el frío mar Cantábrico; mirabas hacia detrás y tenías una gran vegetación verde que casi te atrapaba.

Playa de la Concha de Artedo

Playa de la Concha de Artedo (fotografía echa por mi)

A espaldas de la Playa de la Concha de Artedo

A espaldas de la Playa de la Concha de Artedo (fotografía echa por mi)

Tras la visita a esta preciosa playa, nos encaminamos hacia el Cabo Vidio, concretamente al lugar donde se encontraba un faro con el mismo nombre. Quiero intentar definir este lugar, pero toda definición se me va a quedar corta… El Cabo Vidio es lugar de una gran belleza natural pero a la vez impone respeto. La edificación del Faro Vidio podía ser rodeada caminando por un sendero que discurría, sin protección, por el acantilado que lo sostenía. De ahí el respeto que me daba el lugar. No obstante, las vistas desde este lugar eran increíbles: unos acantilados que te dejaban sin aire rodeados de un mar azul turquesa y además, como era primavera la época en la que fuimos, estaba rodeado de preciosas flores amarillas haciendo del Cabo Vidio un lugar que no hay que dejar de visitar.

Vistas desde el Cabo Vidio

Vistas desde el Cabo Vidio (fotografía echa por mi)

Vista de los acantilados del Cabo Vidio

Vista de los acantilados del Cabo Vidio (fotografía echa por mi)

Otro lugar a unos 10 kilómetros del Cabo Vidio y que me enamoró desde el primer momento que lo vi, fue la Playa del Silencio. El nombre de esta playa tiene bien merecido este nombre ya que para acceder a la misma, hay que dejar el coche aparcado y andar por unos senderos y por unas escaleras muy empinadas de piedra. Pero cuando por fin pones el pie en la arena de esa playa, te das cuenta de que el camino recorrido ha merecido la pena. El agua de esta playa era azul turquesa y estaba escondida entre grandes acantilados. En uno de estos acantilados, se habían formado pequeñas cuevas y arcos, haciendo del lugar un lugar mágico. No obstante, la guinda del pastel la ponía el sonido que se podía escuchar… La orilla de esta playa estaba llena de guijarros y cantos rodados por la erosión del mar, de tal manera que cada vez que las olas iban y venían estos cantos se movían, haciendo un sonido muy peculiar pero que a la vez trasmitía paz y tranquilidad. Javi y yo estuvimos un buen rato en esta playa… quería que no se me olvidase ningún detalle de la misma, emborrachar a mis sentidos con la magnificencia natural que había a mi alrededor…

Playa del Silencio

Playa del Silencio (fotografía echa por mi)

Por la noche, tras un día agotador, a la hora de cenar nos encontramos de nuevo visitando la página de TripAdvisor para acertar con el lugar donde cenar. De este modo, fuimos a parar a Casa Julio. Sin lugar a dudas, el puesto que tiene en TripAdvisor y la reputación que tiene es porque se lo merece! Desde el momento en el que entramos, el trato por parte del personal fue Escanciador eléctrico de Casa Juliode 10. En especial por la camarera la cual nos ayudó a elegir los platos para cenar ya que era nuestra segunda noche en territorio asturiano y todavía andábamos un poco “desorientados”, gastronómicamente hablando.  Inicialmente nos íbamos a pedir tres platos de su carta y cuando se lo anunciamos a la camarera nos dijo con una rotundidez aplastante “eso no os lo vais a comer”. Lo decía por el tamaño de las raciones y esa rotundidez nos hizo decidirnos por pedirnos una sidra, media ración de croquetas de picadillo de chorizo y un cachopo de cecina y queso vidiago. Menos mal que le hicimos caso a la camarera… El cachopo era como un brazo de largo y todo ello acompañado de patatas y ensalada. A duras penas pudimos terminarnos lo que pedimos, pero lo disfrutamos… Estaba todo buenísimo!! En especial el cachopo😀 Al final logramos hacer hueco para pedirnos un requesón con miel y nueces, también delicioso.

Cachopo de Casa Julio

Cachopo de Casa Julio

Cuando volvamos a Cudillero volveremos a Casa Julio por el trato recibido, pero sobre todo por la relación calidad-precio la cual es de 12.

Os dejo el enlace de TripAdvisor en la que aparece esta crítica que escribí sobre Casa Julio, además de la de muchos otros comensales.

Cudillero I

En primer lugar, quiero pedir perdón a mis lectores por la ausencia de casi 2 meses y medio sin escribir… Estas últimas semanas he andado muy liada y entre unas cosas y otras no he podido dedicarle el tiempo que se merece a mi tan preciado blog…

En este periodo de tiempo, me ha dado tiempo irme de vacaciones una semana en el mes de mayo a uno de los lugares más especiales para mi: Asturias. Pues bien, en esta y en las siguientes entradas quiero contaros acerca de nuestro viaje a esta tierra sin igual:)

CudilleroCuando planeamos nuestro viaje a Asturias, tanto Javi como yo teníamos claro que queríamos hacer una ruta por la costa asturiana. Con esto en mente, el primer destino que planificamos para nuestra ruta fue Cudillero.

De siempre habíamos visto en fotografías imágenes de este pueblecito y nos llamaba mucho la atención por los colores vivos que podíamos ver y, desde luego, no nos decepcionó.

Cudillero es un precioso pueblo pesquero que se caracteriza principalmente por los colores de las fachadas de sus casas, su ambiente vivo en cualquier época del año que se visite y sobre todo, por la ergonomía del pueblo: todas sus casas están mirando a la plaza del pueblo, la cual está al lado de la costa. El pueblo es pequeño, pero no por ello pierde encanto:)

Barco pesquero, Cudillero (fotografía echa por mi)

Nada más llegar al pueblo y bajar del coche, lo que más nos llamó la atención fue ese olor y sonido a mar, característicos de los pueblos pesqueros. Habíamos cambiado totalmente de registro sensorial: de los olores y sonidos de Madrid a los olores y sonidos de Asturias, concretamente de Cudillero.

Plaza de Cudillero

Tras una primera visita al centro neurálgico del pueblo, nos disponíamos a comer. En cualquier dirección que mirases en Cudillero, había un restaurante donde poder comer. No obstante, optamos por utilizar la aplicación TripAdvisor para guiarnos y fue de esta manera como dimos con el restaurante-sidrería Casa Mari.

El restaurante está un poco escondido de todo el centro y no por ello la comida fue peor. Disfrutamos del menú del día por 12€ y pedimos arroz caldoso con bogavante que nos sirvieron en una fuente para servirnos al gusto. Estaba delicioso y muy bueno para asentar el cuerpo tras el viaje desde Madrid. Luego pedimos cachopo de pollo, el cual era una primera aproximación al famoso cachopo asturiano. Para finalizar, pedimos de postre requesón con miel y nueces que estaba de infarto.

El trato por parte de los camareros que nos sirvieron fue correcto. Por lo que este restaurante lo tendremos en cuenta cuando volvamos a Cudillero.

Podéis ver la crítica que puse al respecto de este lugar en TripAdvisor pinchando aquí.

Por la tarde, teníamos ganas de ver ya alguna playa, así que cogimos el coche a la aventura y fuimos a dar a una playa preciosa: la Playa del Aguilar. Esta playa de 600 metros de longitud, está situada en el fondo de una ensenada y está rodeada de la frondosa vegetación característica de Asturias. Tuvimos la suerte de ver atardecer en dicha playa y el espectáculo de luz y colores que pudimos presenciar no tenían comparación. De hecho, había un par de fotógrafos que estaban intentando inmortalizar con sus cámaras la extrema belleza natural que se podía ver y sentir en ese lugar.

Playa del Aguilar

Playa del Aguilar (fotografía echa por mi)

Por la noche, del mismo modo que nos sucedió por la mañana, cuando quisimos buscar un lugar para cenar no sabíamos dónde ir. Nuevamente, ayudándonos de TripAdvisor, nos encontramos cenando en El Rincón de Berto.

Cena en El Rincón de BertoNada más llegar a El Rincón de Berto, el camarero nos atendió de una manera cercana y con la simpatía característica de la zona. Le pedimos dos cervezas con limón y nos ofreció coger alguna de las tapas que tenía preparadas en la barra. A la hora de cenar, tras un largo rato decidiéndonos, nos decantamos finalmente por dos tortos de rulo de cabra y cecina y por uno de picadillo de matanza… no teníamos palabras para describir lo buenos que estaban! También pedimos una tabla de quesos asturianos la cual venía acompañara de membrillo y frutos secos… una verdadera delicia para los amantes del queso! Salimos muy contentos de El Rincón de Berto, primero por el trato recibido y segundo por la relación calidad-precio que pudimos encontrar.

Sin lugar a dudas, este es otro de los rinconcitos que tendremos en cuenta si volvemos a Cudillero.

Nuevamente, os dejo la crítica que puse al respecto de este lugar en TripAdvisor junto con la opinión de otros comensales que han disfrutado del lugar.

En la siguiente entrada, os seguiré contando nuestro viaje en esta etapa visitando Cudillero.